| Nuestro
pueblo tiene muy presente a la Virgen María, a la Madre
de Dios, a la Inmaculada, a la Virgen bajo diversas
advocaciones (Coromoto, La Chiquinquirá, Guadalupe,
Carmen, Fátima, del Valle…) a nuestra Madre, Sin
mancilla, Sin pecado, Virgen pura, Reina, Señora…
"Sus
misterios pertenecen a la identidad propia de estos
pueblos y caracterizan la piedad popular" (Juan
Pablo II, Homilía Zapopán, México, 30 enero 1979).
Todo eso y más es la Virgen María. Esa es nuestra fe.
Y hay que conservarlo. Pero si nos quedamos sólo en esa
Virgen María tenemos el peligro, y caemos en él: De
divinizar a María, hacer de ella "La cuarta
persona de la Santísima Trinidad". ¿No tratan
algunas a la Virgen como si fuera más poderosa que
Jesucristo, hasta como a una "Diosa" femenina
al lado del Dios Trino y Uno?
De
convertirla en mediadora sí, pero sólo entre un Dios
exigente y altivo, y el pueblo que sufre y espera el
perdón. Cristo paga a un Dios "bravo" por
nuestros pecados, y María nos protege e intercede ante
ese Dios juez implacable. ¿No se fomenta en bastantes
templos una atención preferencial a la Virgen, a sus imágenes,
sobre Cristo y el Sagrario donde está vivo, presente? De
quedarnos pasivos admirando a la Virgen, llenándonos la
boca de sus grandezas, que nos quedan lejanas,
inalcanzables. En todos esos dones, "gracias"
que Dios ha concedido a María, ella es irrepetible, no
la podemos "seguir". Y nos contentamos sólo
con admirarla, alabarla, pedirle favores, remedios y
pagarle promesas…
Así
nos apartamos de lo que está en el origen de nuestra
fe, de la fe de las primeras comunidades cristianas, de
la fe que nos transmite el Nuevo Testamento. Tenemos que
volver a él, sobre todo a los Evangelios, para
comprobar que, para las primeras comunidades cristianas,
"esa" Virgen María (la "Madre de
Dios", la "Inmaculada", etc.) no es otra
que MARIA DE NAZARET.
Y esa sí
que está a nuestro alcance como la "primera
cristiana", "seguidora de Jesús". María
de Nazaret nos enseña a ser cristianos, comunidad
cristiana, Iglesia-Pueblo-Dios. Ella sí que es una
llamada, una exigencia para nuestro vivir diario. Y eso
es lo que quiere ser esta Web.
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