Amar

 

El amor verdadero no es fruto de erudición, ni nace de la casualidad. Requiere un trabajo de humildad y sencillez, de apuesta por la sinceridad y por la verdad, aunque uno mismo sea el que caiga en el intento de su búsqueda.  

 

  Cuanto se habrá escrito ya sobre el amor. En esta sociedad en la que vivimos, todo el mundo habla del amor, en todo hay amor. Las personas utilizan el término indiscriminadamente para referirse a cualquier acto de comunicación entre dos o más personas.

Pero ¿qué es realmente el amor? ¿en qué consiste? ¿a dónde puede conducirte?

Saber amar o descubrir lo qué es el amor, es descubrir la piedra filosofal del sentido a la existencia.

Os recuerdo que caminamos por este mundo limitado dimensionalmente. Es decir; nosotros llegamos a creer que el Hombre es lo que parece que es. Una mañana nos miramos al espejo y creemos que somos el centro del Universo. Llegamos a creer que todo ha sido construido por y para nosotros. Llegamos a sentirnos invulnerables, nos sentimos dioses de la vida y de la muerte. Pasado cierto tiempo, volvemos a mirarnos al espejo y desaparece, como por arte de magia, todo sentimiento anterior que un día nos cautivó. Ya no somos invulnerables y parece que todo puede hacernos daño. Según va pasando el tiempo, la vida parece que nos va situando en nuestra auténtica realidad dimensional. Somos una muerte futura. Vamos a morir. Una realidad tan evidente y tan olvidada que llega a hacernos olvidar nuestra auténtica realidad. Somos fragilidad. Existimos para marcharnos. La vida no pasa de ser más que un viaje en una dimensión aparentemente conocida y estudiada pero insignificante para darle una respuesta al Hombre sobre el sentido a su existencia.

Sin embargo, la humanidad sí recibió la única respuesta capaz de permitir al Hombre caminar por esta vida dándole sentido a su existencia. Esa realidad se fue transmitiendo y se fue modificando poco a poco a través de un pueblo, Israel. Esa realidad se hizo carne y habitó entre nosotros, habitó en un Hombre, Jesús de Nazaret. 

Jesús intenta que el Hombre descubra el sentido de su existencia. Quiere darle la última respuesta al Hombre. Es claro con sus palabras y con su vida. No existe ambigüedad alguna en Él. El Hombre es una posibilidad de ser Dios, de ser el absoluto. Todo esto se hace presente en él solamente cuando es capaz de amar.

Estamos refiriéndonos a algo que sólo desde la experiencia puede ser entendido. Cualquier persona que esté leyendo en este momento esta reflexión no está recibiendo la misma información. La auténtica información es experiencia. El amor transforma tus sentidos, cambia la realidad dimensional en la que nos bañamos. Te hace ver más allá de lo aparente y rasga las cortinas de los templos humanos mostrando sus auténticos materiales perecederos en el tiempo.

Amar es darse. No hay que añadir prácticamente nada más. Amar es decir con tu vida aquí estoy para ti. No quiero nada, no pido nada. No quiero que cambies por mí. No quiero que seas como yo. No pido que seas mejor ni peor. Amar es disponibilidad permanente al otro.

Te recuerdo que lo que estás leyendo, no son más que palabras. No pretendas buscar el amor en libros, en pensamientos de otras personas. No pretendas buscar la realidad última a la existencia en nadie, persona o grupo. Está en ti. Si sacas tu capacidad de amar, la que llevas dentro y la entregas sin desear o esperar nada a cambio, negándote a recibir ningún tipo de reconocimiento social o personal, habrás descubierto el sentido último al por qué de la existencia. Todo tendrá sentido a partir de ahora. La muerte habrá sido vencida. No necesitarás que nadie te demuestre la existencia de algo más allá de está realidad. La estarás viviendo, la estarás sintiendo, experimentando.

Amar es dar la vida sin mirar atrás, y quien la pierda la ganará para la eternidad.

Necesitas muy poco para llegar a Dios, experimenta el amor en lo que te rodea. Vive.

Miguel Ángel