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          EL GNOSTICISMO 
     (El mundo y el cuerpo son malos por si mismos...)

 

El término «Gnosticismo».


Es difícil comprender el contexto polémico de algunas Cartas de
Pablo, del Evangelio y de las Cartas de Juan, y de los escritos
del siglo I y II, sin tener unas breves nociones sobre un impor-
tante movimiento religioso-filosófico, contemporáneo del cris-
tianismo y muy relacionado con él.
Nos referimos al gnosticismo, que, amén de las muchas diferencias
entre sus diversas sectas, se presenta en general como una reli-
gión de la salvación del hombre, pero en el marco de una visión
negativa y pesimista del mundo y de las realidades físicas del
hombre.
El medio de salvación propuesto es la gnosis, o sea, el conoci-
miento interior de la revelación de Dios acerca de la salvación.
El gnosticismo concibe al hombre como una interioridad o aspecto
espiritual que está inmerso en un ambiente corrompido (el cuerpo,
el mundo). El yo interior viene del reino de la luz y debe re-
gresar a él por la gnosis, transmitida desde lo alto para que el
hombre reconozca su actual situación de pérdida de la luz y ex-
travío, y conozca también el camino para retornar a la luz, re-
cuperando así su dignidad perdida y volviendo a su primitivo
ser.
Varios son los elementos comunes a las sectas gnósticas que su-
pieron asimilar nociones de la filosofía griega, de las religio-
nes orientales, del judaísmo y del cristianismo, con el cual
pronto se asimilarán, transformándose así en la primera herejía y
madre de todas las desviaciones cristianas.

                     


Los gnósticos hablan de un Dios desconocido, totalmente trascen-
dente y fuera del mundo. En efecto, según ellos, el mundo no fue
creado por Dios, sino por un ser intermediario, llamado "demiur-
go", siendo gobernado por seres especiales llamados "arcontes",
siete en total, y relaciondos con los siete planetas. De ellos
depende el destino del hombre. (De ahí, la importancia asignada a
la astrología y al simbolismo de ciertos números: 7, 12, 30, 365,
etc.)
Mientras que el mundo y el cuerpo son malos por sí mismos (reino
de las tinieblas), el alma viene del cielo y debe regresar al
mismo lugar después de la muerte (influencia de la filosofía
griega.
Existe, pues, un dualismo radical entre la luz y las tinieblas;
Dios y el hombre interior pertenecen a la luz; el mundo, el
cuerpo y el demiurgo, a las tinieblas.
La salvación es anunciada por Dios a sus mensajeros, siendo el
primero Simón Mago de Samaría. Cuando el gnosticismo se haga
cristiano reconocerá a Jesús como el gran revelador de la gnosis.
ciertos sacramentos, unciones con óleo, etc.
El dualismo los llevó a dos actitudes opuestas: o bien a una ri-
gurosa ascesis y al apartamiento del mundo, o bien al libertinaje
sexual, considerando que el cuerpo no tenía relación alguna con
Dios . Su aversión al sexo y a la reproducción en el matrimonio
los llevará a prácticas aberrantes en esta materia, por lo que a
menudo serán acusados ante las autoridades.

             


Fácil es comprender cómo estas teorías y prácticas, algunas de
ellas muy similares a las cristianas, llegaron a crear tal
confusión que pusieron en serio peligro el auténtico pensamiento
cristiano. Pablo y Juan, al combatir el gnosticismo, asumirán
algunos de sus términos y conceptos (conocimiento, luz y tinie-
blas, Dios y mundo, carne y espíritu, plenitud, etc., pero rela-
cionándolos con Jesucristo y su evangelio. Surge así la verdadera
gnosis o sabiduría cristiana que es el seguimiento de Cristo.
(Siempre que las "Cartas" últimas de Pablo, como las de Juan, el
Apocalipsis, y las Cartas de Judas y la segunda de Pedro, hablan
de falsos maestros o doctores, "falsas doctrinas", están refi-
riéndose a las diversas sectas gnósticas.
El gnosticismo nace por la misma época que el cristianismo, pero
independiente de él. Se suele considerar a Simón Mago (Hechos 8,
9-24) como el primer gnóstico y padre de tolos los herejes. El
gnosticismo se difunde rápidamente por todo el imperio romano, y
hacia el año 100 se acerca y une al cristianismo con el consi-
guiente peligro. En efecto, además de lo ya dicho anteriormente,
llevados de su rechazo del cuerpo y de lo material, afirmarán que
Jesús no tuvo un cuerpo real ni padeció realmente en la cruz
(docetismo), negarán la resurrección del cuerpo y, como ya sabe-
mos, la creación del mundo por Dios. Comprenderemos así la in-
sistencia de Juan en la encarnación del Verbo, la resurrección,
la obra creadora del Padre y del Hijo, etc.
El siglo II vio el resurgir de importantes gnósticos-cristianos,
declarados luego herejes, entre los cuales se encuentran Basíli-
des, Marción y Valentino. Su dualismo los emparentará con el ma-
niqueísmo y formas similares, llegando su influencia hasta el
siglo IX, mas no sin dejar en el Cristianismo una cierta aversión
hacia el cuerpo y el sexo, aversión cuyas consecuencias aún hoy
sentimos.