LA REVISTA VIRTUAL  (¿QUÉ ES EL INFIERNO?)

 

PÁGINAS
Número 1
Número 2
Número 3
Número 4
Número 5
Número 6
Número 7
Número 8
Número 9
 


Volver a la página 1

 

 


EL INFIERNO 
(La absoluta frustración humana)

 

El hombre posee una dignidad absoluto: la de oponerse a Dios y decirle que no.

El hombre posee una dignidad absoluta: la de poder decirle no a Dios. Puede hacer una historia para sí, centrada en su yo y en su ombligo. Dios lo respeta aunque sabe que cuando el hombre es dejado y entregado a sí mismo es, con el lenguaje de Nietzsche, «el más inhumano de todos los animales». No es un animal pero puede convertirse en uno de ellos. ¿Quién podrá alzarse contra Dios, contra el creador de todo y de todo el cosmos? El hombre, esa caña pensante, como decía Pascal. El es libre y puede escoger, puede decidirse por Dios o por sí mismo.

El hombre relativo puede crear algo absoluto.

Cuando el hombre da una respuesta negativa a la proposición de amor divino, sigue viviendo. Crea un mundo para sí; crea realmente algo nuevo, como también Dios creó el cielo y la tierra. Sólo que con una diferencia. De Dios se podía decir: «Y vio que todo era bueno». Del hombre no se podrá decir eso porque, ¿podrá haber algo bueno donde no reina el amor, donde no cabe Dios, ese Dios que se reveló y se llamó con la palabra amor?

Existe una cosa que no fue creada por Dios porque no la quiso y que a pesar de ello existe porque la creó el hombre cuando comenzó a odiar, cuando explotó a su hermano, cuando mató, cuando torció su rostro ante el pobre, el oprimido, el hambriento, cuando se am6 a sí mismo más que a su prójimo, cuando se puso como centro de la vida, cuando comenzó a construir su ciudad y se olvidó de Dios, cuando dio un sí a esta vida y un no a una vida más rica, más fraterna y eterna. Cuando el hombre hizo todo eso, surgió lo que llamamos infierno. El infierno no es creación de Dios sino del hombre. Porque existe el hombre malo, el hombre egoísta y el hombre cerrado en sí mismo, existe el infierno creado por el hombre mismo. Como muy bien decía Paul Claudel: «El infierno no proviene de Dios. Proviene de un obstáculo puesto a Dios por el pecador». El hombre, creatura pasajera y contingente, puede crearse para sí algo absoluto y definitivo.