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  POEMAS DE ORO

 I
AMOR

Baja del cielo la endiablada punta
Con que carne mortal hieres y engañas.
Untada viene de divinas mañas
y cielo y tierra su veneno junta.

La sangre de hombre que en la herida apunta
florece en selvas: sus crecidas cañas
de sombras de oro, hienden las entrañas
del cielo prieto, y su ascender pregunta.

En su vano aguardar de la respuesta
las cañas doblan la empinada testa.
Flamea el cielo sus azules gasas.

Vientos negros, detrás de los cristales
de las estrellas, mueven grandes masas
de mundos muertos, por sus arrabales.

   II
OBRA DE AMOR

Rosas y lirios ves en el espino;
juegas a ser: te cabe en una mano,
esmeralda pequeña, el océano;
hablas sin lengua, enredas el destino.

Plantas la testa en el azul divino
y antípodas, tus pies, en el lejano
revés del mundo; y te haces soberano,
y desatas al sol de tu camino.

Miras el horizonte y tu mirada
hace nacer en noche la alborada;
sueñas y crean hueso tus ficciones.

Muda la mano que te alzaba en vuelo,
y a tus pies cae, cristal roto, el cielo,
y polvo y sombra levan sus talones.

   III
PAISAJE DE AMOR MUERTO

Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran
de llamaradas por morir; ya cae
mi corazón desenhebrado, y trae,
la noche, filos que en el viento lloran.

Ya en opacas orillas se avizoran
manadas negras; ya mi lengua atrae
betún de muerte; y ya no se distrae
de mí, la espina; y sombras me devoran

Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo
Como un perro girando sobre el rabo,
la tierra se echa a descansar, cansada.

Mano huesosa apaga los luceros:
Chirrían, pedregosos sus senderos,
con la pupila negra y descarnada.

Alfonsina Storni

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Rosario Castellanos (1925-1974)Mexicana
 

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia,
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.
 
Para el amor no hay tregua, amor. La noche
no se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.
 
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 LOS NADIES (Eduardo Galeano)
 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de

pobres, que algun mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a

cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni

mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho

que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se

levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la

vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la

prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

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Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas
las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo del después, son los despojos
que embalsaman el humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos
el sístole, sin diástole, ni dueño.

Lo mas ingrato es encalar la casa
remendar las virtudes veniales
condenando a la hoguera los archivos.

Lo peor del amor, es cuando pasa.
Cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos

Joaquin Sabina

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William Carlos Williams

This is just to say

I have eaten
the plums
that were in
the icebox
and which
you were probably
saving
for breakfast

Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold

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CANTO A LA MORCILLA

En Jaén, donde reside,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas de vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Más ya..., de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más bajo.

Por Nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo:
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡gran señora,
digna de veneración¡

¡Qué oronda viene y qué bella¡
¡Qué través y enjundia tiene¡
Paréceme, Inés, que viene
para que demos con ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasañejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di, ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener especias¡

¡Qué llena está de piñones¡
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios;
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya se lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.
Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con él.

¡Qué suavidad¡ ¡Que clareza¡
¡Qué paladar¡ ¡Qué color¡
¡Qué rancio gusto y olor¡
¡Todo con tanta fineza¡

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pinchel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala,
bien puede bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la vota llena;
seis tragos; hecha es la cena,
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés, hermano,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana.

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HECES (C. Vallejo)    

 "Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.
 Esta tarde es dulce, por qué no ha de ser?
Viste gracia y pena: viste de mujer.
 Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así".
Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.
 Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.
 Y otras pasan, y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.
 Esta tarde llueve, llueve mucho.¡Y no 
tengo ganas de vivir, corazón!"
 

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