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Mediante su
decisión, hecha en el mismo momento de la muerte, entre el tiempo y
la eternidad, el hombre: determina para siempre su destino. Y no se
empuja a nadie al cielo ni se lanza a nadie al infierno por haber
nacido el uno en el Occidente cristiano y en el seno de la Iglesia,
y el otro en ambiente pagano o bajo ideologías ateas. Al morir, en
ese momento de total desenmascaramiento del hombre ante sí mismo
puede darse también una conversión total.
La decisión final es la floración de
lo que el hombre sembró y permitió que creciera durante su vida. Las
opciones parciales son una preparación y educación para la decisión
última.

Del
libro ( Hablemos de la otra vida) Leonardo Boff.
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