El arco del Callejón
de las Monjas recuerda el contubernio Augsburgo de Beltrán García,
Álvaro Cárdenas y el Vizconde de Cardona y otros más... y,
también, ¡cómo no! al famoso Ladrón del Agua...
La placeta de Aliatar, aún
impregnada de esa típica y ya casi extinguida manera de ver pasar mansamente
las horas, evoca la bravura del leal especiero de Loja que tras las núpcias
de su hija Morayma con Boabdil, supo defender un trémulo y agonizante reino
hasta su propia muerte.
El fornido, lañado y
errante Cristo de las Azucenas en su última ubicación. Menos mal
que aún quedan devotos que lo cuidan y le desagravian por las muchas micciones
que a sus pasivos pies se vertieron, origen de su continua migración.