ORIGEN Y FORMACIÓN DE LOS CUATRO EVANGELIOS |
El
género literario
Como obra literaria constituyen los evangelios un género nuevo y
particular que no se identifica con ninguno de los conocidos hasta
la época. No se trata de simples biografías, como las que se usaban
en la época helenística, pues su interés principal no está en
describir la historia externa del héroe y mucho menos su vida
interior o su carácter. Tampoco pueden clasificarse como meros
libros de memorias, para mantener vivo el recuerdo de un gran
personaje, conservando dichos y anécdotas de su vida, ni como
historias de milagros destinadas a glorificar a un milagrero. No
pretenden tampoco suscitar entusiasmo por la doctrina de un gran
filósofo, ni admiración por la virtud de un gran hombre, sino
despertar la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios (Mc 1,1), para
llevar a un compromiso personal con él y a un cambio de vida (Mt
7,24-27; Lc 6,47-49), hecho posible por la salvación que él trae.
La
cuestión sinóptica
Para comprender mejor todo el problema de la formación de los
evangelios, ayudará tener en cuenta lo que se llama la "cuestión
sinóptica". A los tres primeros evangelios, Mateo, Marcos y Lucas,
se les llama "evangelios sinópticos". La palabra "sinóptico" viene
del griego synopsis, que significa "perspectiva común". Y se puede
decir de esos tres evangelios que son "sinópticos" porque cuentan la
vida y la actividad de Jesús de una manera bastante semejante y
además porque, en muchas frases y pasajes enteros, coinciden
curiosamente hasta el punto de que, con frecuencia, utilizan las
mismas expresiones y las mismas palabras. Comparados con el
evangelio de Juan, los tres sinópticos ofrecen un estilo muy
similar; están ausentes las largas discusiones (cosa que aparece con
frecuencia en Juan), mientras se encuentran dichos separados,
tajantes; los discursos son breves o compuestos de dichos cortos e
independientes y abundan las parábolas. Además los tres ofrecen el
mismo esquema al presentar la actividad de Jesús: aparición de Juan
Bautista, bautismo y tentaciones, actividad en Galilea, viaje a
Jerusalén, pasión y resurrección. A veces la coincidencia es incluso
verbal, por ejemplo en Mc 8,34-36 y par; 9,1 y par; 10,13-15 y par,
etc.
Aunque en otras ocasiones el paralelismo se da entre dos de ellos,
mientras que el tercero omite o cambia tal o cual pasaje; por
ejemplo: Mt 4,18-21 con Mt 1,16-19; Mc 1,21-25 con Lc 4,31-35; Mt
23,37-39 con Lc 13,34-35; Mt 20,24-28 con Mc 10,41-45, diferente de
Lc 22,24-27; Mc 12,38-40 con Lc 20,46-47, diferente de Mt 23,6-13.
La consecuencia obvia, que se desprende de todo esto, es que existe
una dependencia mutua de los tres sinópticos. Pero entonces la
pregunta lógica es: ¿quién copió a quién? Y por consiguiente, ¿cuál
de ellos tres es el más antiguo y original, del que quizá los otros
dependen? La polémica sobre este asunto ha sido larga y todavía
sigue en pie en muchas cuestiones. Por eso aquí me voy a limitar a
exponer los resultados que se suelen considerar más seguros.
Parece bastante claro que el evangelio más antiguo es el de Marcos,
y que Mateo y Lucas lo utilizaron. De hecho, casi todo el material
de Mc fue recogido y elaborado por Mt o por Lc. Sólo pequeños trozos
de Mc no fueron recogidos por los otros (concretamente Mc 3,20-21;
4,26-29; 7,31-37; 8,22-26; 9,49; 14,51).
Además del material que encontraron en Mc, poseen Mt y Lc
considerable cantidad de material común, ausente en Mc. Se supone
que ambos lo tomaron de una fuente escrita anterior, que suele
designarse con la letra Q (inicial de la palabra alemana Quelle,
que significa "fuente"). Pero resulta que esa fuente Q no se ha
conservado independiente por sí misma, por lo que es muy difícil
precisar su contenido exacto.
Además se tiene el convencimiento de que la llamada fuente Q no fue
necesariamente el primer documento escrito acerca de la vida de
Jesús. Debieron existir otros escritos, entre los años treinta al
cincuenta, que circularon entre los cristianos. El mismo Mc parece
que depende de alguno de esos hipotéticos escritos.
Aparte del material procedente de la fuente Q, queda una quinta
parte de Mt y más de un tercio de Lc que representan material
exclusivo de estos dos evangelistas. No existe acuerdo acerca de su
origen. En general, los autores se niegan a admitir otras fuentes
escritas, aunque eso tampoco se puede demostrar con seguridad.
Muchos detalles de la cuestión sinóptica son prácticamente
insolubles; pero, a pesar de eso, la figura de Jesús y su mensaje
nacen de esos tres evangelios con una claridad indiscutible. |
|
Formación
de los Evangelios
|
|

Los cuatro autores indicados no se mencionan nunca ellos
mismos en la obra que se les atribuye. Eso quiere decir
que el autor primero y fundamental de cada evangelio no
fue una persona determinada. El autor es, más bien, la
comunidad o las comunidades a las que iban dirigidos esos
evangelios. En efecto, fue en las primeras comunidades
cristianas donde se conservaron los recuerdos, las
palabras y los hechos de Jesús. Esos recuerdos se
transmitieron de memoria de unos a otros, en forma de
frases y narraciones cortas. De tal manera que en eso
consistieron los materiales que luego cada autor concreto
utilizó y organizó de acuerdo con su visión personal de
las cosas y con su propio estilo literario. Pero aquí es
de suma importancia insistir en que el autor primero y
fundamental de los evangelios es la comunidad primitiva, o
mejor el conjunto de las primeras comunidades de creyentes
que ha habido en el mundo. Aquellos creyentes conservaron
en su memoria los recuerdos del Señor, seleccionaron
aquellos materiales, se fijaron en unos más que en otros,
pusieron su acento en determinadas palabras o determinados
hechos de Jesús y transmitieron para las generaciones
futuras el contenido del "evangelio" o la "buena noticia"
para los hombres de todos los tiempos.

Este procedimiento no nos debe llamar la atención.
Nosotros hemos nacido en la cultura del papel escrito y la
imprenta. Por eso nos extraña que los materiales de un
libro entero se conserven de memoria en un grupo de
personas. En tiempos antiguos las cosas funcionaban de
otra manera. Antes de que el arte de la escritura se
generalizara, la memorización era la única forma de
conservar una frase o un texto. Y este método primitivo
demostró ser muy consistente. Entre los maestros judíos de
la antigüedad, se observa que la práctica generalidad de
los acontecimientos importantes se aprendían en forma de
dichos o de textos que se imprimían en la memoria de
suerte que llegaban a saberse de corrido.
Este fue el procedimiento en virtud del cual llegaron a
formarse nuestros evangelios. En cada comunidad se
conservaron los recuerdos del Señor de una manera
distinta. Unas comunidades insistieron más en unos puntos,
otras en otros. Y es lo que, ante todo, explica las
diferencias entre los evangelios.
| |
|