Para los amigos de la Parroquia Virtual                                                                              Texto: José Mª Castillo sj


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Los autores

A partir del siglo II, la palabra "evangelio" se empezó a utilizar para designar a los cuatro libros del Nuevo Testamento que tratan de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Por eso ahora hablamos no sólo del "evangelio", sino además de los cuatro "evangelios".

Estos cuatro evangelios se atribuyen a otros tantos autores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Mateo es el publicano al que llamó Jesús (Mt 9,9) y que formaba parte de los doce (Mt 10,3). Escribió su evangelio seguramente en Palestina, para los cristianos convertidos del judaísmo.

Marcos, llamado Juan Marcos, fue un discípulo de la comunidad de Jerusalén (Hch 12,12), que acompañó a Pablo en su apostolado (Hch 12,25; 13,5.13; Flp 24; 2Tim 4,11) y también a Bernabé (Hch 15,37.39), del que era primo (Col 4,10); finalmente acompañó también a Pedro (1Pe 5,13). Escribió su evangelio, según una antigua tradición, en Roma.

Lucas nació probablemente en Antioquía, y fue médico (Col 4,14), de origen pagano (ver Col 4,10-14), compañero de Pablo en su segundo (Hch 16,10ss) y tercer viaje (Hch 20,5ss) y durante su prisión en Roma (Hch 27,1ss; 2Tim 4,11). Parece que escribió su evangelio después de Mateo y Marcos.

Finalmente, el cuarto evangelio se atribuye a Juan el apóstol (Mt 10,3), uno de los hijos de Zebedeo (Mt 4,21 par), del que se cree que tuvo una especial amistad con Pedro (Jn 13,23s; 18,15; 20,3-10; 21,20-23), cosa que aparece confirmada por Lucas (Lc 22,8; Hch 3,1-4.11; 4,13.19; 8,14). Este es el discípulo que escribió el cuarto evangelio (Jn 21,24), que fue uno de los más particularmente estimados por Jesús (Mc 5,37; 9,2; 14,33).

 

ORIGEN Y FORMACIÓN DE LOS CUATRO EVANGELIOS

El género literario

Como obra literaria constituyen los evangelios un género nuevo y particular que no se identifica con ninguno de los conocidos hasta la época. No se trata de simples biografías, como las que se usaban en la época helenística, pues su interés principal no está en describir la historia externa del héroe y mucho menos su vida interior o su carácter. Tampoco pueden clasificarse como meros libros de memorias, para mantener vivo el recuerdo de un gran personaje, conservando dichos y anécdotas de su vida, ni como historias de milagros destinadas a glorificar a un milagrero. No pretenden tampoco suscitar entusiasmo por la doctrina de un gran filósofo, ni admiración por la virtud de un gran hombre, sino despertar la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios (Mc 1,1), para llevar a un compromiso personal con él y a un cambio de vida (Mt 7,24-27; Lc 6,47-49), hecho posible por la salvación que él trae.

La cuestión sinóptica

Para comprender mejor todo el problema de la formación de los evangelios, ayudará tener en cuenta lo que se llama la "cuestión sinóptica". A los tres primeros evangelios, Mateo, Marcos y Lucas, se les llama "evangelios sinópticos". La palabra "sinóptico" viene del griego synopsis, que significa "perspectiva común". Y se puede decir de esos tres evangelios que son "sinópticos" porque cuentan la vida y la actividad de Jesús de una manera bastante semejante y además porque, en muchas frases y pasajes enteros, coinciden curiosamente hasta el punto de que, con frecuencia, utilizan las mismas expresiones y las mismas palabras. Comparados con el evangelio de Juan, los tres sinópticos ofrecen un estilo muy similar; están ausentes las largas discusiones (cosa que aparece con frecuencia en Juan), mientras se encuentran dichos separados, tajantes; los discursos son breves o compuestos de dichos cortos e independientes y abundan las parábolas. Además los tres ofrecen el mismo esquema al presentar la actividad de Jesús: aparición de Juan Bautista, bautismo y tentaciones, actividad en Galilea, viaje a Jerusalén, pasión y resurrección. A veces la coincidencia es incluso verbal, por ejemplo en Mc 8,34-36 y par; 9,1 y par; 10,13-15 y par, etc.

Aunque en otras ocasiones el paralelismo se da entre dos de ellos, mientras que el tercero omite o cambia tal o cual pasaje; por ejemplo: Mt 4,18-21 con Mt 1,16-19; Mc 1,21-25 con Lc 4,31-35; Mt 23,37-39 con Lc 13,34-35; Mt 20,24-28 con Mc 10,41-45, diferente de Lc 22,24-27; Mc 12,38-40 con Lc 20,46-47, diferente de Mt 23,6-13.

La consecuencia obvia, que se desprende de todo esto, es que existe una dependencia mutua de los tres sinópticos. Pero entonces la pregunta lógica es: ¿quién copió a quién? Y por consiguiente, ¿cuál de ellos tres es el más antiguo y original, del que quizá los otros dependen? La polémica sobre este asunto ha sido larga y todavía sigue en pie en muchas cuestiones. Por eso aquí me voy a limitar a exponer los resultados que se suelen considerar más seguros.

Parece bastante claro que el evangelio más antiguo es el de Marcos, y que Mateo y Lucas lo utilizaron. De hecho, casi todo el material de Mc fue recogido y elaborado por Mt o por Lc. Sólo pequeños trozos de Mc no fueron recogidos por los otros (concretamente Mc 3,20-21; 4,26-29; 7,31-37; 8,22-26; 9,49; 14,51).

Además del material que encontraron en Mc, poseen Mt y Lc considerable cantidad de material común, ausente en Mc. Se supone que ambos lo tomaron de una fuente escrita anterior, que suele designarse con la letra Q (inicial de la palabra alemana Quelle, que significa "fuente"). Pero resulta que esa fuente Q no se ha conservado independiente por sí misma, por lo que es muy difícil precisar su contenido exacto.

Además se tiene el convencimiento de que la llamada fuente Q no fue necesariamente el primer documento escrito acerca de la vida de Jesús. Debieron existir otros escritos, entre los años treinta al cincuenta, que circularon entre los cristianos. El mismo Mc parece que depende de alguno de esos hipotéticos escritos.

Aparte del material procedente de la fuente Q, queda una quinta parte de Mt y más de un tercio de Lc que representan material exclusivo de estos dos evangelistas. No existe acuerdo acerca de su origen. En general, los autores se niegan a admitir otras fuentes escritas, aunque eso tampoco se puede demostrar con seguridad.

Muchos detalles de la cuestión sinóptica son prácticamente insolubles; pero, a pesar de eso, la figura de Jesús y su mensaje nacen de esos tres evangelios con una claridad indiscutible.


Formación de los Evangelios


Los cuatro autores indicados no se mencionan nunca ellos mismos en la obra que se les atribuye. Eso quiere decir que el autor primero y fundamental de cada evangelio no fue una persona determinada. El autor es, más bien, la comunidad o las comunidades a las que iban dirigidos esos evangelios. En efecto, fue en las primeras comunidades cristianas donde se conservaron los recuerdos, las palabras y los hechos de Jesús. Esos recuerdos se transmitieron de memoria de unos a otros, en forma de frases y narraciones cortas. De tal manera que en eso consistieron los materiales que luego cada autor concreto utilizó y organizó de acuerdo con su visión personal de las cosas y con su propio estilo literario. Pero aquí es de suma importancia insistir en que el autor primero y fundamental de los evangelios es la comunidad primitiva, o mejor el conjunto de las primeras comunidades de creyentes que ha habido en el mundo. Aquellos creyentes conservaron en su memoria los recuerdos del Señor, seleccionaron aquellos materiales, se fijaron en unos más que en otros, pusieron su acento en determinadas palabras o determinados hechos de Jesús y transmitieron para las generaciones futuras el contenido del "evangelio" o la "buena noticia" para los hombres de todos los tiempos.

Este procedimiento no nos debe llamar la atención. Nosotros hemos nacido en la cultura del papel escrito y la imprenta. Por eso nos extraña que los materiales de un libro entero se conserven de memoria en un grupo de personas. En tiempos antiguos las cosas funcionaban de otra manera. Antes de que el arte de la escritura se generalizara, la memorización era la única forma de conservar una frase o un texto. Y este método primitivo demostró ser muy consistente. Entre los maestros judíos de la antigüedad, se observa que la práctica generalidad de los acontecimientos importantes se aprendían en forma de dichos o de textos que se imprimían en la memoria de suerte que llegaban a saberse de corrido.

Este fue el procedimiento en virtud del cual llegaron a formarse nuestros evangelios. En cada comunidad se conservaron los recuerdos del Señor de una manera distinta. Unas comunidades insistieron más en unos puntos, otras en otros. Y es lo que, ante todo, explica las diferencias entre los evangelios.