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Jesús enseña una nueva manera de orar | ||
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.Todo
hijo conversa con su padre. Jesús, por supuesto, hablaba con su Padre. Y
como la visión que él tenía de Dios era nueva, su forma de orar tenía
que ser también en cierto sentido nueva. La forma en que Jesús oró
dependió en todo de su fe y de su experiencia de Dios. Así nos pasa a
todos. Veamos
la oración de Jesús distinguiendo tres niveles: la oración litúrgica
normal de todo judío piadoso, su oración personal en momentos de
importancia y ciertas oraciones especiales que concentran lo más profundo
de su vida.
Jesús
tomaba parte normalmente en el culto sabático y oraba junto con la
comunidad (Lc 4,16). Por
sus palabras se nota que conocía bien las Escrituras y las oraciones usadas
en su época. En su predicación con frecuencia usaba frases inspiradas en
ellas. La
oración de la mesa, antes y después de comer, parece cosa normal para él
(Mt 14,19; 15,36; 26,26-27). Seguramente no hubo día en su vida en el que
no observara los tres ratos de oración, según lo mandaban las costumbres
piadosas de la época. Varias
veces le vemos participar en las romerías religiosas. Sin
duda alguna él participaba en la oración de su pueblo, pero, como vemos en
el siguiente apartado, supo también denunciar y corregir todo tipo de
falsificación de la oración.
Jesús
no se contentó con la herencia litúrgica: su oración rompe los moldes de
las costumbres piadosas de su época. Toda
la vida de Jesús se realiza en un clima de oración. Su vida pública
comienza con una oración en el bautismo (Lc 3,21) y un largo retiro de
oración en soledad (Mt 4,1-11). Y termina también con una oración (Mt
27,46; Mc 15,34; Lc 23,46). Jesús
aparece orando en los momentos de decisiones históricas importantes, como
al elegir a los doce (Lc 6,12-13), al enseñar el padrenuestro (Lc 11,1),
antes de curar al niño epiléptico (Mc 9,29). Ora por personas concretas,
por Pedro (Lc 22,32), por los niños (Mc 10,16), por los verdugos (Lc
23,34). A
veces se retiraba de su actividad pública para dedicar largos ratos para
conversar con su Padre. Para ello se le ve irse a un huerto apartado o a un
descampado. Allá pasa horas enteras (Mc 1,35; 6,46; 14,32). E incluso
noches enteras (Lc 6,12) "El acostumbraba retirarse a lugares
despoblados para orar" (Lc 5,16). Jesús
no se apartaba de la costumbre ambiental solamente en lo referente a la
frecuencia y a la longitud de sus ratos de oración. Las oraciones oficiales
de su época se rezaban en hebreo, idioma que no entendía la gente
sencilla. El rezaba en arameo, la lengua del pueblo, como nuestro guaraní.
Ya vimos cómo se dirigía a Dios con la palabra familiar "Abbá".
Y su oración típica, el padrenuestro, se la entrega a la comunidad en su
lengua materna, el arameo. Con eso, Jesús saca a la oración del círculo
exclusivo de la liturgia sagrada, y la pone en medio de la vida.
Pocas
veces se nos habla en los Evangelios del contenido de la oración de Jesús.
Pero hay dos casos especiales en los que nos vamos a fijar, la oración de
acción de gracias y la oración del huerto, pues reflejan dos momentos
importantes en su existencia. En
el capítulo IV ya hablamos de su oración de acción de gracias al Padre
por haber revelado la Buena Nueva "a la gente sencilla" (Mt
11,25-26). Jesús termina diciendo: "Sí, Padre, bendito seas, por
haberte parecido eso bien". Se trata de una oración expresada por
Jesús en un momento decisivo de su actividad. Según las apreciaciones
humanas, la predicación de Jesús estaba fracasando, ya que las personas
influyentes de su país habían rechazado abiertamente su mensaje, y únicamente
lo seguía un grupo de personas sin importancia. Y en estas circunstancias
de fracaso humano, Jesús se regocija y da gracias porque el misterio del
Padre ha sido entendido solamente por la gente sencilla, y los
"sabios" en cambio siguen sin ver. Se ha hecho posible lo que
parecía imposible: han comprendido sólo los que parecía que no podían
entender. Así lo ha dispuesto la voluntad del Padre, bueno y clemente. Y al
darse cuenta de ello, Jesús se alegra y da gracias, aceptando y alabando
este designio del Padre, como algo inesperado y maravilloso. La
segunda oración a la que nos referimos es la del huerto: "Adelantándose
un poco, cayó a tierra, pidiendo que si fuera posible se alejara de él
aquella hora. Decía: ¡Abbá! ¡Papá!, todo es posible para ti, aparta de
mí este trago, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieras tú"
(Mc 14,36). Es
un momento serio de crisis, pues siente amenazado el sentido de la totalidad
de su vida. Y en este momento decisivo, Jesús va a la oración. Así sucedió
ya en las tentaciones del desierto (Lc 4,1-13), que no son otra cosa que un
diálogo con el Padre sobre la esencia última de su misión y el modo de
llevarla a cabo. Y vuelve a aparecer en la oración de Jesús en la cruz (Mt
27,46; Lc 23,46). Siempre que el sentido de su vida se ve amenazado, Jesús
se pone en oración delante de su Padre. La
oración del huerto recoge la crisis de Jesús a lo largo de toda su vida.
Jesús quisiera rehuir esa muerte que es consecuencia histórica de su vida.
Pero por medio de la oración triunfa su decisión de ser fiel a la voluntad
del Padre hasta las últimas consecuencias. A pesar de su intenso dolor
sigue viva en él la confianza en su Abbá, en ese Padre que exige su
muerte. En los momentos más difíciles de su vida Jesús busca la voluntad
del Padre y confía en él, por más dura que sea su voluntad. Así como
antes Jesús recogió en la oración la totalidad de su vida, expresada en
un "gracias", ahora en una nueva crisis la recoge en un "hágase
tu voluntad". Resumiendo,
podemos decir que la oración de Jesús es la expresión del "más"
que va surgiendo en su propia historia. Ese "más" va apareciendo
en la búsqueda de la voluntad de Dios, en la alegría de que llegue el
Reino, en la aceptación fiel hasta el final de la voluntad de Dios y en la
confianza incondicional hacia el Padre. Para
Jesús oración no es sin más "ponerse en contacto con Dios",
sino ponerse ante un Dios bien determinado, que une íntimamente bondad y
exigencia. Lo fundamental de su oración depende de quién era para él
realmente el Padre. Ahí está lo más original de su oración. El
Dios de Jesús es un Dios de amor, y por ello el lugar central de la oración
de Jesús es la praxis del amor; ahí él oye la voluntad de su Padre y la
practica. El
contenido profundo de la oración de Jesús es muy simple: es mostrar la
aceptación de la voluntad de Dios sobre el Reino y sobre su propia persona,
y mostrar la alegría y el agradecimiento de que el Reino se extienda. Este
contenido expresa la experiencia de sentido último de Jesús: que Dios se
va haciendo presente en la historia a través del amor. Texto de José L. Caravias sj (El Dios de Jesús) |
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