El sufrimiento como modo de ser de Dios 

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¿Puede sufrir Dios?
Un Dios crucificado
Forma sublime de amor
          Espiritualidad de la cruz
La cercanía de la cruz
         
 


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¿PUEDE SUFRIR DIOS?
 


.            Hoy en día, subidos a las nubes rosadas de las teorías abstractas, hemos perdido la capacidad del asombro. Nos parece normal la visión de la imagen del Crucificado, y afirmamos con toda tranquilidad que ese crucificado es Dios que "murió por nuestros pecados". Necesitamos redescubrir la vivencia de la admiración y el asombro ante la verdad histórica de la muerte horrenda del Hijo de Dios a manos de los que se decían creer en Dios.

 Por mucho tiempo, siguiendo los principios de la filosofía griega, casi todos los cristianos han creído que Dios no puede sufrir. La divinidad, según ellos, no puede padecer; si sufriera no sería Dios.

Pero en la Biblia se presenta Dios de una manera muy diferente. El núcleo del mensaje cristiano es la pasión y muerte de Jesús, y sabemos por la fe que el Crucificado es Dios. Además, el sacrificio del Hijo de Dios por la reconciliación del mundo se renueva cada día en la Eucaristía. La conmemoración de la pasión-resurrección de Cristo por la palabra y sacramento ha alimentado siempre la fe cristiana en Dios.

Pero, ¿de qué modo Dios está comprometido en la historia de la pasión de Cristo? ¿Cómo es posible que la fe cristiana considere la pasión de Cristo como revelación de Dios, si la divinidad no puede padecer? ¿Dios hace sufrir al hombre Jesús por nosotros o es que Dios mismo sufre en Cristo por nosotros?

Si Dios fuera incapaz de padecer, la pasión de Jesús sería meramente una tragedia humana. Es más, el que sólo vea en la pasión el sufrimiento de un buen hombre, llamado Jesús de Nazaret, corre el peligro de considerar a Dios como un poder celestial frío, antipático y cruel. Ello sería destruir la fe cristiana.

Por eso muchos teólogos actuales se ven obligados a implicar a Dios en la pasión de Cristo y a descubrir esta pasión en el seno mismo de Dios. La misma piedad cristiana tradicional siempre ha adorado al Crucificado como Dios y ha hablado sin problemas de la "pasión de Dios".

Hagamos algunas distinciones. Dios ciertamente no puede sufrir al estilo de los humanos. A él no le puede venir ningún sufrimiento inesperado, como fatalidad o castigo. El no está sujeto al dolor al modo de la criatura limitada y perecedera.

Pero esto no quiere decir que Dios no pueda padecer de ninguna manera. Si Dios fuera impasible en absoluto, seguramente sería incapaz de amar. Sería capaz de amarse a sí mismo, pero no a sus criaturas. Pero si Dios es capaz de amar a otros, está expuesto a los sufrimientos que le acarreará este amor; aunque el mismo amor no le permite sucumbir al dolor. Dios no sufre, como la criatura, por faltarle algo. En ese sentido él es impasible. Dios padece por efecto de su amor, que es el desbordamiento de su ser. En este sentido Dios parece estar sujeto al sufrimiento.

Los judíos en el Antiguo Testamento se tomaron en serio el tema del sufrimiento divino. Dios es libre y no está sometido al destino. Pero, movido por el amor, se comprometió en una Alianza. El es "Dios de los dioses" y al mismo tiempo es el Dios aliado del pequeño pueblo de Israel. Reina en el cielo y vive a la vez entre los seres inferiores y humillados. En la Alianza Dios se vuelve vulnerable: vive las experiencias de Israel, sus triunfos, sus pecados, sus sufrimientos. Su existencia y la historia del pueblo están estrechamente ligadas. Dios tiene una relación libre y apasionada con sus criaturas.

El Eterno toma en serio a los hombres, hasta el punto de sufrir con ellos en sus luchas y de sentirse herido por sus pecados. Según cuentan los profetas, Dios siente amor por su pueblo como un amigo, como un padre (Os 11,1-9; Mal 3,17; Sal 102,13), o una madre (Is 49,15-16; 66,13), y hasta como un amante decepcionado (Ez 16; Is 54,4-10; Os 2,6-7). El Dios del universo se comporta como padre "paciente y misericordioso" (Sal 102,8), que sabe sufrir a su modo. El sabe lo que es padecer el sufrimiento del amor: "Cada vez que le reprendo... se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión" (Jer 31,20). "Me da un vuelco el corazón y se me revuelven todas las entrañas" (Os 11,8), hacen decir los profetas al mismo Dios.

Decir que Dios es amor es decir que es vulnerable. Dios ama y, por tanto, puede ser correspondido o puede ser rechazado. Y la historia muestra duramente la gran capacidad del hombre para rechazar el amor. Eso no le es indiferente a Dios. El sufre por el rechazo del amor.

Sin embargo, el amor no quiere el sufrimiento. El amor quiere la felicidad del otro y sigue amándolo aunque él se niegue a amar. Asume su dolor porque lo ama y quiere compartirlo con él. Tal es el sufrimiento de Dios, fruto del amor y de su infinita capacidad de solidaridad.

Centrémonos en el próximo apartado y en los siguientes en el misterio de amor que es la cruz de Cristo.


Texto de José L. Caravias sj (El Dios de Jesús)