Con la Biblia en la mano, oremos con amor...

 

A la portada de nuestra Revista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AMOR DE DIOS

1.  n ti, Jesús, se ha hecho palpable la bondad de Dios y su amor para con todos nosotros (Tit 3,4). Como Sol naciente, nos has hecho ver la tierna bondad de nuestro Dios (Lc 1,78): su amor que dura desde siempre y para siempre (Sal 103,17).

2.  El es constante en amarnos (Sof 3,17). Aunque una madre pudiera olvidar a su hijo, él nunca se olvidaría de nosotros (Is 49,15).  Nos guarda como a la niña de sus ojos (Dt 32,10) y nos tiene grabados en la palma de sus manos (Is 49,16). ¡Su fidelidad pasa de generación en generación! (Sal 100,5).

3.  Sabemos que los cerros podrán correrse y moverse las lomas, pero tú nunca retiraras tu amor de nosotros, ni romperás jamás tu alianza de paz (Is 54,10). Con amor eterno nos has amado; por eso, misericordioso, nos atraes hacia ti (Jer 31,3).

4.  ¡No somos dignos de tanta bondad como tienes para con nosotros, Señor! (Gn 32,11). Hasta a la esposa infiel eres capaz de volverla a conquistar a base de amor (Os 2,16). Y celebras una gran fiesta cuando vuelve un hijo que se te había perdido (Lc 15,22ss).

5.  Tu corazón se conmueve y se remueven tus entrañas cada vez que te somos infieles (Os 11,8). Y cuando tienes que reprendernos se te conmueve el corazón y te enterneces (Jer 31,20).

6.  ¡Bendito seas, Señor, Dios de Israel, porque nos has visitado y redimido! (Lc 1,68). Te alabamos y te damos gracias porque eres bueno, tu misericordia es eterna (Esd 3,11) y tu lealtad es inapreciable (Sal 36,8).

7.  ¡Tanto nos quieres, Padre Dios, que nos entregas a tu Hijo Único! (Jn 3,16). No te lo reservas como propio, sino que nos lo entregas por amor a nosotros (Rm 8,32). Lo abandonas en la cruz (Mc 15,34) para no tener que abandonarnos a nosotros. Y le haces cargar con nuestros pecados para reconciliarnos contigo (2 Cor 5,19-21).

8.  En la cruz nos muestras, Jesús, la forma más sublime del amor: rechazado, maldecido, condenado por los hombres, te mantienes siempre "en estado de amor". ¡Realmente en ti todo es plenitud de amor y lealtad! (Jn 1,14).

9.  No hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn 15,13). Pero tú demuestras el amor que nos tienes muriendo por nosotros cuando aún éramos pecadores (Rm 5,8). Cuando éramos aun enemigos, fuimos reconciliados con Dios por medio de tu muerte  (Rm 5,10)

10.  Te damos gracias de todo corazón, Padre, por éste tu amor y tu lealtad sobre toda medida (Sal 138,1). ¡Eres maravilloso con nosotros y estamos alegres! (Sal 126,3). ¡Tu amor es inmenso! (Sal 86,12). ¡Realmente eres amor! (1Jn 4,8).

11.  ¡Por eso me has seducido, Señor! (Jer 20,7). ¡Me has robado el corazón! (Cant 4,9), que lanza gritos anhelando verte (Sal 84,3).

12.  Yo te amo, Señor, Fuerza mía, mi Roca, mi Fortaleza, mi Libertador! (Sal 18,2). Deseo amarte, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas (Dt 6,5). Tú eres mi Papá y yo soy tu hijo, tu heredero… (Gál 4,6s).

13.  Las aguas torrenciales no podrán apagar tu amor, ni anegarlo los ríos (Cant 8,7). Nada ni nadie podrá separarnos del amor que nos tienes en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rom 8,39).

14.  ¡Que tu amor y tu paz vivan siempre en nosotros! (2Cor 13,11). ¡Y el Espíritu Santo nos haga rebosar en él! (Rm 5,5). Aleluya, gracias, amén.

AMOR DE HERMANOS

  1.  no solo es nuestro Padre, y todos nosotros somos hermanos (Mt 23,8s).  Por eso, el que ama de veras al Padre, ama también a todos los hijos de ese mismo Padre (1Jn 5,1).

2.  Si tanto nos ama Dios, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros (1Jn 4,11). El nos amó primero (1Jn 4,10). Sólo si nos amamos unos a otros, permanecemos en Dios y Dios en nosotros (1Jn 4,15).

3.  Un creyente en el Dios bíblico no puede desentenderse de las necesidades de sus hermanos (Dt 22,4), sino que abre su mano a los indigentes (Dt 15,11), sintiéndose solidario con ellos (Jdt 8,24). Pues todos somos de la misma raza humana, y nuestros hijos no son diferentes los unos a los otros (Neh 5,5).

4.  Tú, Señor, nos pides que sepamos compartir nuestro pan con el hambriento, que los pobres sin techo puedan entrar a nuestra casa, que vistamos al desnudo y nunca volvamos la espalda a nuestra propia carne (Is 58,7). Que jamás nos alegremos de la ruina de un hermano, ni despreciemos nunca su necesidad (Abd 1,12).

5.  De tal suerte eres Padre de todos (Ef 4,4), que nos pides siempre cuentas de la suerte de nuestros hermanos (Gn 4,9). Tanto es así, que si estamos para presentar nuestra ofrenda ante tu altar, y nos acordamos de que un hermano tiene algo contra nosotros, quieres que dejemos allí mismo nuestra ofrenda, y vayamos primero a hacer las paces con nuestro hermano (Mt 5,23s). Condicionas tu perdón a cómo nosotros nos perdonemos unos a otros (Mt 6,12).

6.  Hermano nuestro Jesús (Jn 20, 17), sabemos que quieres que nos relacionemos siempre como hermanos, capaces de aceptarnos mutuamente (Mt 5,23-24), superar todo enojo (Mt 5,22) y perdonarnos siempre (Mt 18, 21), sin fijarse en defectos o fallos personales (Mt 7, 3-5). ¿Por qué, pues, nos hacemos daño unos a otros? (Hch 7,26). ¡Ciertamente hemos perdido el amor del principio! (Ap 2, 4).

7.  Criticamos y despreciemos a nuestros hermanos, sin tener en cuenta que después hemos de comparecer ante tu tribunal (Rm 14,10). Somos hipócritas, que nos fijamos en la pelusa que tiene un hermano en el ojo, pero no vemos la viga que tenemos en nuestro propio ojo (Lc 6,41).

8.  Enséñanos a amarnos, Jesús,  con obras y de verdad (1Jn 3,18), pues el que no ama a su hermano no es de Dios (1Jn 3,10). Teniendo las riquezas que tenemos, no podemos cerrarles el corazón a nuestros hermanos con problemas (1Jn 3,17).

9.  Dios es la fuente del amor: y por eso todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios (1Jn 4,7). El que no ama, en cambio, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor (1Jn 4,8). Sólo amando a los hermanos se puede comprobar que hemos pasado de la muerte a la vida (1Jn 3,14).

10.  Señor Jesús, enséñanos a querernos unos a otros (1Tes 4, 9) con el mismo amor con que tú nos quieres (Jn 15,12). Pues en el amor fraterno es donde se debe reconocer que somos tus discípulos (Jn 13,35).

11.  Danos, pues, tus mismos sentimientos (Flp 2,5). de forma que nos comportemos con el mismo amor con que tú te comportas (1Jn 2,6).

12.  Que, como buenos administradores de los múltiples dones de Dios, pongamos al servicio de los demás todos los dones que hemos recibido (1Pe 4,10).

13.  El amor fraterno alcanza el perdón de los pecados, por muchos que sean (1Pe 4,8).

14.  Ayúdanos, pues, a amar a nuestros enemigos, a hacer el bien a los que nos odian, a bendecir a los que nos maldicen y a rogar por los que nos maltratan (Lc 6,27s): a tratar a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros (Lc 6,31). Pues se nos medirá con la medida con que nosotros midamos (Lc 6,38).

15.  Si hacemos el bien sin esperar nada a cambio, nuestra recompensa será grande y seremos hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Debemos ser generosos en la medida en que es generoso nuestro Padre Dios (Lc 6,35s).

16.  Que el Espíritu nos haga capaces de solidaridad y de ternura y de ponernos de acuerdo con un amor recíproco y un interés unánime por la unidad (Flp 2,1s).

17.  Haznos crecer, Jesús, más y más en el amor que nos tenemos los unos a los otros y en el amor para con todos (1Tes 3,12).

18.  Bendícenos, Señor, para que tengamos todos un mismo sentir, compartamos las preocupaciones de los demás con amor fraterno, seamos compasivos y humildes; no devolvamos mal por mal, ni insulto por insulto, sino que sepamos bendecir, pues para esto hemos sido llamados (1Pe 3,8s).

19.  Que nuestro amor fraterno sea sincero y afectuoso, estimando en más a los otros (Rm 12,9s). Que sepamos ser solidarios con los necesitados (Rm 12,13), alegrándonos con los que están alegres y llorando con los que lloran (Rm 12,15). Que sepamos vivir en armonía unos con otros (Rm 12,16); a nadie devolvamos mal por mal (Rm 12,17); y hagamos todo lo posible para vivir en paz con todos (Rm 12,18).

20.  El amor es paciente y muestra comprensión. El amor fraterno no tiene celos, no aparenta, ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo (1Cor 13,4-7).

21. ¡El amor nunca pasará! (1Cor 13,8).

 

AMOR DE ESPOSOS

  1.  ú dijiste, Señor, que no es bueno que el ser humano esté solo, y por eso nos das una pareja para que los dos nos ayudemos mutuamente (Gn 2,18.21), de forma que lleguemos a ser un solo ser (Gn 2,24; Mt 19,4s). Tanto al varón como a la mujer nos has creado a imagen y semejanza tuya (Gn 1,27), y nos ordenas que crezcamos juntos, seamos fecundos, llenemos la tierra y la pongamos a nuestro servicio (Gn 1,28).

2.  Sabemos que todo amor auténtico proviene de ti: todo el que ama ha nacido de ti (1Jn 4,7). Por eso te consagramos, como don tuyo que es, este amor que nos has dado, para que lo cuides, lo purifiques y lo hagas crecer sin fin.

3.  Enséñanos a querernos como se quisieron nuestros primeros padres: con la fe de Abrahán y Sara (Gn 17,15-22; 18,1-15; 20; 21,1-21; 23), con la constancia de Isaac y Rebeca (Gn 24), con la servicialidad de Jacob y Raquel (Gn 29,6-30), con la astucia de David y Micol (1Sam 19,11-17), con la delicadeza de Ana y Elcaná (1Sam 1), con el respeto y la ternura de Rut y Booz (Rut 2-4).

4.  Que como Tobías y Sara, en un ambiente íntimo de oración, sepamos darnos el uno al otro total y definitivamente (Tob 8,6-8).

5.  Ayúdanos a ser siempre fieles al amor que nos hemos jurado (Ex 20,14; Dt 22,22-27; Jer 7,9; Mal 3,5; Prov 6,24-29; Eclo 23,22-26). Que no tengas nunca que acusarnos de una traición (Mal 2,14s). Lo que tú has unido no lo debe separar nunca ningún tipo de problema (Mt 19,4-6).

6.  Reconocemos que quien mira a una mujer o a un hombre ajeno excitando el propio deseo comete adulterio en su interior (Mt 5, 28), pues es del corazón sucio de donde brotan las malas acciones, especialmente los adulterios (Mc 7,21s).

7.  Que al estilo de Oseas, aprendamos a profundizar el misterio de la fidelidad y del perdón conyugal. Si alguno de nosotros llega a ser infiel, enséñanos a superar el problema a base de un amor tan grande, que sea capaz de perdonar y reconstruir de nuevo el amor (Os 2,16). Que, superando las dificultades, nuestro matrimonio llegue a ser santo y formal, fundado siempre en el amor, el respeto y la ternura (Os 2,21).

8.  Te suplicamos, Señor, que las esposas sepamos salvar a nuestros esposos; y que los maridos sepamos salvar a nuestras esposas (1Cor 7,16).

9.  Si los varones llegan a oponerse a tu Palabra, que nosotras, las mujeres, los ganemos, no con discursos, sino con nuestro modo de ser responsable y sin reproche (1Pe 3,1s).

10.  Ayúdanos a superar los celos, tanto a los varones (Eclo 9,1), como a las mujeres (Eclo 26,6), pues nos hacen daño y nos causan mucho dolor.

11.  Enséñanos a los varones, Señor, a valorar el hermoso regalo tuyo que es encontrar una buena esposa (Prov 18,22). Vale mucho más que las perlas (Prov 31,10). De ella depende en gran parte la armonía y el porvenir del hogar (Prov 31,10-31).

12.  Una mujer valiente es la alegría de su marido: le hará pasar en paz toda su vida (Eclo 26,2). Como el sol matinal sobre los cerros, así es el encanto de una mujer buena en una casa bien ordenada (Eclo 26,16).

13.  El que consigue esposa principia su riqueza, pues tiene una ayuda semejante a él, una columna para apoyarse. Por falta de tapia la propiedad es saqueada; sin mujer, el hombre gime y va a la deriva (Eclo 36,26s).

14.  Enséñanos a los varones, Señor, a escuchar los consejos de tu Sabiduría: “Bebe el agua de tu aljibe, la que corre de tu propio pozo. ¿Debe derramarse por la calle tu manantial? ¿Correrán por las plazas tus arroyos? Sean para ti solo, sin compartirlos con extraños. ¡Bendita sea tu fuente, y sea tu alegría la esposa de tu juventud! ¡Sea para ti como hermosa cierva y graciosa gacela. Que sus pechos sean tu recreo en todo tiempo. ¡Que siempre estés apasionado por ella!” (Prov 5,15-20).

15.  Ayúdanos, Señor, a crecer en nuestro enamoramiento al estilo de la pareja del Cantar de los Cantares. Que con fina elegancia sepamos gozar y compartir con alegría toda la belleza y el encanto de nuestro cuerpo y nuestro espíritu, sin despreciar o devaluar ningún aspecto (Cant 7,1 - 8,4).

16.  Que las esposas seamos el jardín, la fuente, el perfume, la dulzura, el gozo de nuestros maridos (Cant 4). Que les dulcifiquemos la vida y les sepamos devolver la tranquilidad y la inocencia. Que los hagamos nadar entre aromas de flores y perfumes, lejos de las asperezas de la vida, de modo que nos llenemos la vida el uno al otro (Cant 1,7 - 2,7). Que sepamos ser su sosiego, su paz y su vida (Cant 4).

17.  Que los maridos sepamos seducir, respetar, admirar y corresponder a los deseos de nuestra esposa amada. Que seamos enteramente para ella y su amor tienda enteramente hacia nosotros (Cant 7,11): ¡mi izquierda bajo su cabeza y mi derecha abrazándola! (Cant 8,3). Que ellas puedan escuchar constantemente alabanzas de nuestros labios: ¡Toda eres hermosa, amada mía, y no hay en ti  defecto! (Cant 4,7).

18.  Este amor que nos has dado es un gran misterio: ¡que las grandes aguas no puedan nunca apagarlo, ni los ríos anegarlo! (Cant 8,7). Que sea fuerte nuestro amor como la muerte. Sus flechas son dardos de fuego, como llama divina (Cant 8,6). Si nos amamos y nos entregamos por entero, una llamarada de tu divinidad arderá siempre en nosotros...

19.  Que los maridos amemos a nuestras esposas como a nosotros mismos (Ef 5,33), de forma que los dos lleguemos a ser un solo ser (Ef 5,31). Que sepamos amarlas igual que tú, Jesús, demostraste tu amor a la Iglesia, entregándote enteramente a ella (Ef 5,25), llenándola de gracia y santidad (Ef 5,27).

20.  Y que las esposas te veamos a ti en nuestros maridos, Señor, y le seamos dóciles por amor (Ef 5,22).

21.  Que cada uno de nosotros se comporte con su pareja con santidad y respeto, y no se deje llevar sólo por el deseo, como hace la gente que no te conoce, Señor (1Tes 4,4s). Pues no nos has llamado a vivir en la impureza, sino en la santidad (1Tes 4,7).

22.  Nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Ayúdanos, pues, Señor, a glorificarte con nuestro propio cuerpo (1Cor 6,19s). La esposa no dispone de su cuerpo, sino el marido. E igualmente el marido no dispone de su cuerpo, sino la esposa (1Cor 7,3s).

23.  Que siempre, en fin, seamos el uno para el otro (Cant 2,26), y los dos, complementariamente, lleguemos a ser un solo ser (Gn 2,24; Mal 2,15; Mt 19,5; 1Cor 6,16; Ef 5,31).

 

AMOR DE PADRES 

1.  ¡econocemos que Dios es más Padre de nuestros hijos que nosotros mismos! (Mt 23,9). ¡De él proviene nuestro poder de engendrar! (Gn 1,28).

2.  Jesús, tú quisiste nacer en el seno de una familia unida, piadosa y observante (Lc 2,21-24.41), que supo soportar la adversidad con fe (Mt 1, 19s) y se mantuvo firme en medio de graves problemas (Mt 2,13-21).

3.  Nos enseñaste que Dios es papá bueno de todos (Mt 5,16.45.48; 6, 1.4.6.8.9), siempre dispuesto a escuchar (Mt 7,9; Lc 11,11-13) y a perdonar a sus hijos (Lc 15,20-32).

4.  Hablaste del padre que envía a sus hijos al trabajo (Mt 21,28-31). Del padre que descansa con sus hijos (Lc 11,7) o del cabeza de familia que saca de su arca lo nuevo y lo viejo (Mt 13,52). También hablaste de las fiestas de bodas (Mt 22,2s), de mujeres que están embarazadas o criando (Mt 24,19), de los dolores del parto y de la alegría de la maternidad (Jn 16,21).

5.  Concédenos la fe de Abrahán y Sara, de que nuestros hijos serán una bendición para todos los que los conozcan (Gn 12,3; 22,18). Que ellos sean como brotes de olivo en torno a nuestra mesa familiar, cargados de promesas de buenas cosechas (Sal 128,3). Danos esa alegría de dejar a descendientes que se parezcan a nosotros (Eclo 30,4s).

6.  Enséñanos a saber corregir con amor a nuestros hijos (Prov 29,17). El que ahorra el castigo a su hijo no lo quiere, pero el que lo ama lo corrige a tiempo (Prov 13,24). La reprensión oportuna enseña la sabiduría; pero el niño dejado a sus caprichos es vergüenza de su madre (Prov 29,15).

7.  Pero no consientas que caigamos en correcciones insensatas, salidas del mal humor o del capricho. Hay reprensiones inoportunas; y hay quien calla por prudencia (Eclo 20,1). Que nunca reprendamos antes de averiguar la verdad (Eclo 11,7).

8.  Que sepamos estar siempre cerca de los hijos, de modo que todo lo nuestro sea suyo (Lc 15,31). Pues sabemos que nos pides que seamos buenos del todo, como es bueno nuestro Padre Dios (Mt 5,48). El estilo del Padre del cielo debe ser el estilo de los padres de la tierra.

9.  Pero que no queramos acaparar a los hijos como algo absolutamente propio. Si no los entendemos, según van creciendo, que sepamos, como María, observarlos con el corazón y respetarlos en silencio (Lc 2,51).

10.  Que nunca queramos apropiarnos para nosotros mismos a los hijos; sino que desinteresadamente los sepamos preparar para su misión, de forma que, al igual que el joven Jesús, puedan crecer en edad, en sabiduría y en gracia, a los ojos de Dios y de los hombres (Lc 2,52).

11.  Te suplicamos que sepamos inculcar una gran fe a nuestros hijos, de modo que lleguen a ser capaces de dar la vida por ella, al estilo de aquellos siete hermanos del tiempo de los Macabeos (2Mac 7).

12.  Que sepamos respetar siempre la vocación de nuestros hijos, conscientes de que tu voluntad, Señor, está por delante de nuestros deseos personales (Lc 2,49). Cada hijo tiene una personalidad y una vocación propia, que tenemos que respetar, aunque no la entendamos…

13.  Que seamos familias libres para construir tu Reino, capaces de negarnos a nosotros mismos y cargar tras de ti con nuestra cruz (Mt 10,38): renunciar al deseo de acaparar y a la pasión por dominar. Que no pongamos el ideal de nuestra familia en tener mucho, en subir hasta muy alto y en divertirnos lo más posible (Lc 6,24-26). Sino en saber servir al pueblo, como tú, que no viniste a ser servido sino a servir (Mt 20,28).

 

AMOR DE HIJOS

1.  abemos que tú también, Jesús, te educaste en el seno de una familia (Lc 2,39s), bajo la autoridad de tus padres (Lc 2,51).

2.  Pones como modelo al hijo que hace siempre lo que ve hacer a su padre (Jn 5,19s). Y elogias al que es consciente de sus obligaciones familiares (Mt 19,19).

3.  Concédenos, Jesús, a nosotros, los hijos, aprender a vivir obedeciendo a nuestros padres, al estilo de como tú lo hacías en Nazaret (Lc 2,51). Que dentro de nuestros hogares sepamos crecer en sabiduría y en el favor de Dios y de los hombres (Lc 2,52), sin dejar de ser consecuentes con nuestra propia vocación (Lc 2,49).

4.  Ayúdanos a honrar a nuestros padres, tal como lo quiere Dios (Ex 20,12). Sabemos que quien honra a su padre paga sus pecados; y el que da gloria a su madre acumula tesoros. El que honra a su padre recibirá alegría de sus propios hijos y, cuando ruegue a Dios, será escuchado (Eclo 3,3-5).

5.  Tú censuras el comportamiento de los hijos que se desentienden de sus padres y no les prestan ayuda (Mt 15,3-6). Que sepamos, pues, cuidar a nuestros padres cuando son ancianos, sin causarles ningún tipo de tristeza. Y si se debilita su espíritu, que les tengamos indulgencia, y nunca los abochornemos (Eclo 3,12s).

6.  Que nunca desafiemos a nuestro padre o despreciemos la edad avanzada de nuestra madre (Prov 30,17). Pues quien desprecia a su padre es un blasfemo y quien insulta a su madre irrita a su Creador (Eclo 3,16).

7.  Que jamás despojemos a nuestros padres de lo que necesitan para poder vivir dignamente: ello sería un gran pecado, que nos convertiría en criminales (Prov 28,24). El que despoja al padre y echa de la casa a su madre es un hijo infame y degenerado (Prov 19,26). Tú mismo, Jesús, criticaste duramente a los hijos que, con excusas religiosas, dejan sin recursos a sus padres ancianos (Mc 7,9-13).

8.  Que nuestras familias sean imagen de la Trinidad divina, en la que el amor es el que lo rige todo, pues el Dios-familia es Amor (1Jn 4,8).

Orar la Biblia - Inspiraciones bíblicas  "IV AMOR" (Jose L. Caravias  SJ).