|
La opción por los pobres es «por los pobres»: fundamentalmente, los que no tienen, los que no pueden, aquellos que viven las «carencias» de la vida normal, económicamente: falta de tierra, de vivienda, de salud, de educación, de participación_ Los prohibidos de vivir plenamente su dignidad de personas, hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas. (Pedro Casaldáliga)
Hacer en nuestras vidas toda una serie de opciones capaces de manifestar que damos efectivamente la prioridad a los pobres no es, en la Iglesia, seguir una moda pasajera. Tal orientación es congénita a la fe cristiana. Si tenemos la impresión de que la "opción preferencial por los pobres" es algo nuevo, se debe desdichadamente a que el lugar que por derecho debía ocupar esta orientación en nuestra vida cristiana, no lo había ocupado de hecho. Sin embargo, es uno de los temas más tradicionales, es decir, uno de los más ligados a las fuentes de la fe, uno de los más antiguos y permanentes de la Revelación. Es un "invento" de Dios, no una generosa idea de hombres sensibles. Es un hecho que radica en los fundamentos mismos de la fe. (Alain Durand, o.p.)
Hace unos años se quebró la estrategia clásica de liberación (emancipación local de un país respecto al círculo de dominación capitalista apoyándose en el bloque socialista, con la subsiguiente emancipación de otros países). Esto, que entones podía aparecer casi como una ley histórica y que ahora se manifiesta más claramente como una estrategia histórica coyuntural, fungió como paradigma de pensamiento que configuró en parte la teología de la liberación aplicada de aquellos años. Aquella «estrategia clásica» colapsó, y con ello se quebró también ese paradigma de pensamiento. Existe por tanto el desafío de dar continuidad a la reflexión teológica(43) y a la praxis histórica liberadora siendo capaces de sustituir ese paradigma de fondo (que no era sino una ayuda metodológica proporcionada por la misma realidad histórica coyuntural) sin quebrar la fidelidad esencial a los principios permanentes. (J.Mª Vigil Gallego)
La actitud de soportar pasivamente la muerte no debemos concebirla exclusivamente en la forma en que solemos imaginarnos a los mártires del cristianismo antiguo, conducidos ante un tribunal y condenados a muerte en un juicio. El soportar la muerte -actitud pasiva, pero tomada mediante una opción voluntaria- puede adoptar formas totalmente distintas. Los «perseguidores» modernos no darán a los cristianos de hoy ninguna posibilidad de confesar su fe al estilo de los tres primeros siglos del cristianismo ni les brindarán la oportunidad de aceptar una muerte impuesta por la sentencia de un tribunal. No obstante, bajo estas modalidades más anónimas de la persecución actual es posible prever y aceptar la muerte, del mismo modo que en el caso de los mártires antiguos. Y es posible también preverla y aceptarla en cuanto consecuencia de una lucha activa por la justicia y otras realidades y valores cristianos. De hecho, es extraño que la Iglesia haya canonizado a Maximiliano Kolbe como confesor y no como mártir. Quien contemple a Maximiliano Kolbe sin ideas preconcebidas, prestará mayor atención a su muerte y a su conducta en el campo de concentración que a su vida anterior, y lo considerara como mártir de un amor cristiano desinteresado. (Karl Rahner)
|