|
Dichosos los sufridos, los que lloran, los que
tienen hambre y sed de justicia.
Estas tres bienaventuranzas nos transmiten penalidades para los hombres que quieran vivir de acuerdo con sus exigencias."Dichosos los sufridos". Es propia de Mateo. Añade a la
primera -pobreza elegida- una actitud de benevolencia y comprensión hacia los demás, fruto de su actitud interna. Los sufridos o mansos son animosos, se comprometen en la lucha por una sociedad justa, suscitan problemas e incomodidades..., pero no recurren a la violencia ni en situaciones desesperadas. No sufren con un dolor cualquiera, sino con un dolor profundo, que se manifiesta al exterior en la lucha que asumen en favor del reino de Dios.
"Heredarán la tierra". Es el premio que se les asigna. La
tierra es Palestina, que se había convertido en símbolo del reino de los cielos. Lo que para los patriarcas fue promesa se había transformado en el eterno ideal del judío piadoso. Jesús promete la liberación de la opresión, del luto y el abatimiento del pueblo y de cada persona. Suya será la tierra del futuro, ese futuro en el que habrán desaparecido
las armas, los odios y las violencias de todo tipo.
"Dichosos los que lloran". La tercera bienaventuranza es la
misma en Mateo y Lucas. El llanto a que se refiere indica una angustia muy profunda del alma. Es un dolor real, producido en la vida concreta, aunque no nos indique su naturaleza ni extensión.
No se beatifica el llanto sin más, sino el llanto causado por el deseo de ser fieles al Dios de Jesús, lo que implica tomar la cruz de la
propia vida y negarse a sí mismo por fidelidad al reino.Jesús abre una nueva perspectiva al dolor. En el Antiguo Testamento, Dios cambiaba el llanto en risa. Los judíos creían que el dolor era efecto del pecado y los paganos que era causado por la fatalidad. El libro de Job mostraba ya que el dolor tenía un hondo sentido de purificación. Jesús lo eleva a actitud privilegiada ante el reino.

"Los que lloran" son también los pobres que, por la codicia
de los ricos, han perdido su independencia económica y su libertad y tienen que vivir sometidos a los que los han despojado. Viven en tal situación que no pueden expresar siquiera su protesta.
¿Cuándo "serán consolados" o "reirán"? Parece
que en el cielo. Pero aunque se presente el premio en su fase final y definitiva, no excluye el premio parcial y temporal, ya ahora, cuando se vive el compartir, aunque ello haga llorar a causa de los sufrimientos e injusticias que padecen la mayoría de los seres humanos. ¿No es premio la satisfacción de estar trabajando por el mundo que Dios quiere, a pesar de las lágrimas que nos pueda ocasionar? Quizá haga falta haber llorado alguna vez para entenderlo. Las bienaventuranzas se experimentan, se viven..., pero es difícil explicarlas.
"Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia". La cuarta bienaventuranza de Mateo es formulada por Lucas en segundo lugar, aunque de forma más breve. Éste sólo habla de los que tienen hambre, pero el sentido es el mismo que en Mateo, expresado de una forma más primitiva y más de acuerdo con las palabras originales de Jesús.
Los hambrientos serán bienaventurados únicamente desde una perspectiva religiosa y mesiánica, única forma de alcanzar la justicia
en toda su profundidad.
No se beatifica al que desea que Dios intervenga para implantar su justicia en la tierra, sino al que ansía que la justicia de Dios se
implante en la sociedad y trabaja duramente para hacerla realidad. No podemos cruzarnos de brazos ante las injusticias que cometen unos hombres sobre otros, unas naciones sobre otras.
Dos frases evangélicas del mismo sermón de la montaña nos pueden ayudar a profundizar el verdadero sentido de esta bienaventuranza:
"Sobre todo, buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os
dará por añadidura" (Mt 6,33); "Si vuestra justicia no supera a la
de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt
5,20).
Los hambrientos de justicia son también los sufridos y los que lloran o viven sometidos sin resignarse. Indica el anhelo vehemente de algo indispensable para la vida. ¿No es la justicia tan necesaria al hombre como la comida y la bebida? La justicia a que se refiere es la de ver a la humanidad libre de todas las opresiones, gozando de independencia y libertad, teniendo los bienes necesarios para una vida digna, viviendo los verdaderos ideales humanos.
El premio que se promete a estos esforzados es el de quedar "saciados". Es decir, no sólo experimentarán en ellos y en
los demás la desaparición de todas las hambres, sino que verán colmadas todas sus esperanzas, todos sus sueños. En el reino del futuro, hacia el que caminamos, no quedará ni rastro de la injusticia.
|