LAS BIENAVENTURANZAS


Las maldiciones 

Lucas completa las bienaventuranzas con unas maldiciones, con las 
que nos alerta a no poner el corazón en los placeres, poderes y 
riquezas de este mundo. Parece que se refieren principalmente a los 
escribas y fariseos, a los que Jesús dedicará en otra sección de Lucas 
fuertes imprecaciones (Lc 11,42-52) -aunque menores que Mateo en 
su capítulo 23-; a los saduceos, que se aprovechaban de sus puestos 
de privilegio en la sociedad judía para llevar una vida de lujo, y a las 
grandes familias sacerdotales por su falta de verdadero espíritu 
religioso, sus grandes negocios -incluso dentro del templo- y sus 
triunfos mundanos, logrados sin importarles demasiado los medios. ¿A 
quiénes las dedicaría ahora? 
No interpretaríamos correctamente las bienaventuranzas si 
olvidáramos su parte negativa. Sin este riesgo de fracaso, sin la 
posibilidad de permitir que la riqueza de la vida nos destruya 
internamente, las palabras de Jesús no habrían respetado nuestra 
libertad.
A la luz del reino de Dios se desvela el fracaso de los que viven en el 
poder y en la riqueza de la tierra y, a causa de ello, oprimen y 
destruyen la existencia de los demás.
¿Quiénes son los ricos, los saciados, los que ríen, los bien vistos por 
todos? Son los que han puesto el corazón en sí mismos y en sus 
cosas, los que viven en función de su prestigio, de comer, vestir, 
divertirse... Son los que no tienen necesidad de nada -ni de Dios, 
aunque hablen de él-, porque lo tienen todo. Son los que sólo piensan 
en ser más ricos, en estar más saciados, en reír más, en ser más 
importantes. Son los que no temen nada porque creen que con el 
dinero pueden resolverlo todo, los que dan de lo que les sobra, los que 
guardan las apariencias por miedo al "qué dirán", los que van a misa 
"por si acaso" y viven sin ningún compromiso y rodeados de lujo... A 
todos ellos les va a resultar muy difícil entrar en el reino de los cielos..., 
porque no lo necesitan ni lo desean. ¿A qué mejor vida, piensan, 
pueden aspirar que a la que llevan aquí? 
Los ricos, los satisfechos, tienen bastante con los límites de este 
mundo; horizonte muy vulnerable, reducido y de precaria realidad, a 
pesar de las apariencias; horizonte corto, como lo es la vida del 
hombre sobre la tierra.
Una persona que contemple todas las cosas de este mundo cerrado 
a la trascendencia no tiene más futuro que la muerte. Ahí radica la 
inmensa tragedia del hombre cerrado al infinito y a la plenitud, del 
hombre llamado -quizá hasta a pesar suyo- al más allá. 

FRANCISCO BARTOLOME GONZALEZ
ACERCAMIENTO A JESUS DE NAZARET - 2
PAULINAS/MADRID 1985.Págs. 6-19