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Los carismas |
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Es un regalo |
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En su cooperación con la obra de Dios, los cristianos
no están solos. La paz que Dios quiere para los hombres es sinónimo de
vida, y «el regalo (carisma) de Dios es vida eterna por medio de Cristo
Jesús Señor nuestro» (Rom 6,23). Cristo, el resucitado, «subió por
encima de los cielos para llenar el universo» (Ef 4,10). Derrama dones,
destellos de la vida que él posee; son los que llamamos carismas. |
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Igualdad no igualitarismo |
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Cada cristiano recibe su don particular o, mejor, la
gracia que recibe tiene su rasgo particular, y con ella debe contribuir al
bien de todos. Entre cristianos hay igualdad, pero no igualitarismo.
Igualdad significa que cada uno tiene ocasión para desarrollar sus
posibilidades y que las dotes personales no autorizan el sentido de la
propia importancia (Mt 18,1‑4). La igualdad supone que el abono se
reparte equitativamente por todo el terreno respetando la espontaneidad de
la floración. El igualitarismo, en cambio, se empeña en que todas las
plantas tengan la misma estatura y todas las flores igual color. Los dones
de Dios son diversos y producen diversidad; el que cada uno recibe
determina su puesto en la comunidad de creyentes, y no hay que excederse
en las aspiraciones (Rom 12,3) como tampoco enterrar el don (Mt 25,25).
Pablo y Apolo eran ambos agentes de Dios para llevar a los corintios a la
fe, pero cada uno a su manera, según lo que le dio el Señor (1 Cor 3,7
). |
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Servicios humildes y cotidianos |
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La argumentación se apoyaba hasta ahora en el pasaje
de Ef 4,7‑16. Examinando otras cartas y textos se amplía la idea de
carisma. En Rom 12 aparecen como tales no sólo los servicios eminentes
prestados a la comunidad, como el de apóstol o profeta, sino también
otros humildes y cotidianos, como distribuir limosnas o asistir a los
necesitados (Rom 12,8). Es don de Dios tener dotes de predicador, de
pensador, de administrador o de enfermero; lo espiritual y lo técnico,
todo es carisma. |
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Fomentan la igualdad |
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La variedad de dones fomenta la igualdad fundamental
de los cristianos, desterrando la autarquía. Ninguno puede decir a otro
« no te necesito» (1 Cor 12, 21); hay una interdependencia de todos
respecto a todos, querida por Cristo, que reparte sus dones como quiere
(ibíd. 12,11). La conciencia de esta voluntad del Señor evita el
descontento y la envidia y permite la unidad. No faltaban sin duda
rivalidades entre los cristianos de Corinto, cuando san Pablo insiste
tanto en esta doctrina, recordándoles que las funciones más humildes y
con menos apariencia son las más necesarias (1 Cor 12,22). |
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Cada uno con su cupo de fe |
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Encontramos aquí otro aspecto del realismo cristiano,
en relación ahora con la propia persona. Consiste en saber que cada uno
tiene su cupo de fe (Rom 12,3) y no aspirar a más de lo que es capaz; en
aceptar el propio estado de vida, las cualidades y defectos, como punto de
partida para la vida cristiana. Requiere una visión objetiva de la propia
persona y circunstancias, estimando el grado de eficacia a que podrá
llegar y la actividad más favorable para alcanzarlo. Posición y función
social, sexo, grado de cultura, dotes de acción, todo es carisma, si se
pone al servicio de los demás. |
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Los carismas cubren muchas necesidades |
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Si examinamos ahora las realidades a que se refieren
los términos citados, encontraremos como carismas el celibato (1 Cor 7,7
), las palabras sabias o que instruyen, el don de fe, los milagros y
curaciones, la profecía, las luces para discernir inspiraciones, el
hablar diversas lenguas o traducirlas (1 Cor 12,8‑11); en una lista
más completa, algunos de cuyos términos son repetición de los
anteriores, aparecen: ser apóstoles, profetas o maestros, hacer
milagros, los dones de curar, la asistencia a los necesitados, la
capacidad de dirigir, las diferentes lenguas (1 Cor 12,28). |
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Es la personalidad dinámica |
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Carisma sería, pues, fundamentalmente la persona
misma con sus disposiciones innatas y adquiridas, con su temperamento y
carácter, su herencia o historia. En ésta puede intervenir Dios,
concediendo enriquecimientos especiales, como la vocación apostólica o
la inspiración profética. |
Textos de Juan Mateos (Cristianos en fiesta Ed. Cristiandad)