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EL ES NUESTRA PAZ... |
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La
sed de poder
Innumerables son los pasajes del evangelio
donde Cristo combate la sed de poder; él mismo se pone como ejemplo: «
No he venido a que me sirvan, sino a servir» (Mt 20,28). En la última
cena, para inculcar a los discípulos la actitud cristiana les lava los
pies como un criado, intimándoles su voluntad de que se porten así entre
ellos, pues «el criado no es más que el amo, ni el enviado más que el
que lo envía» (Jn 13, 15‑16).
Los evangelios sinópticos repiten sin
cansarse las frases de Cristo que condenan toda pretensión de poder. Vale
la pena citar un pasaje entero: «Los reyes de las naciones las dominan y
los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada
de eso; al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más
joven y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande,
el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad?
Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve» (Le 22,25‑27).
La primera carta de Pedro refleja los textos
de Mateo y Marcos, refiriéndose concretamente a los presbíteros de la
Iglesia. Les recuerda que los fieles son rebaño de Dios; les recomienda
que no ejerzan su cargo con desgana ni por afán de lucro, sino con gusto
y entusiasmo. Y finalmente les enseña que su misión no consiste en
tiranizar a las comunidades, sino en ser su modelo (1 Pe 5,2 ).
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