El saber como línea de desarrollo

La sociedad actual, tan compleja y heterogéneo si se compara con la del tiempo de Jesús, exige una preparación intelectual o técnica cada vez más rigurosa para desempeñar bien la propia función social y llevar a cabo con éxito la mayor parte de las iniciativas de ayuda y promoción de la humanidad; de lo contrario, las buenas intenciones se disiparán en humo. Con escasas excepciones, no basta el buen corazón.

La opción fundamental.

Como puede verse, para constituir al individuo humano no basta la integridad física: no es hombre completo mientras no oriente su vida optando por el amor activo en favor de los otros, mientras no tenga una actitud y actividad positivas respecto a los demás, sin distinciones o exclusiones (cf. Mt 5,7-9).

El paso inicial.

El cambio de vida incluye renunciar al egocentrismo; cada uno ha de considerar que los demás seres humanos tienen con él un destino solidario, y que, por tanto, merecen su atención y su interés.

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La carencia de amor de algunos hombres anula su propio desarrollo e impide el de los demás.

 

El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

La opción por la plenitud

La capacitación es el momento inicial, la perfección o plenitud es la meta a la que el hombre va tendiendo con su obrar, en un proceso de crecimiento que rebasa toda expectativa humana.

La fe

Para determinar lo específico cristiano hay que considerar qué es la fe. La palabra está depreciada, pues se asocia inmediatamente con el verbo -creer., que evoca un mero asentimiento intelectual: aceptar la verdad de ciertos enunciados o doctrinas, avalados por la autoridad divina. Pero una fe así se queda en la cabeza, no penetra el ser del hombre ni lo transforma.

La falta de amor y de madurez se manifiesta también en los juicios sin equilibrio ni mesura.

También delatan igualmente inmadurez la condena global y el pesimismo derrotista, incapaces de apreciar lo positivo.