
EL
VICIO
Los pecados son vicios del alma, son la expresión de un uso anormal, de una
perversión de los instintos. La glotonería, la embriaguez, la toxicomanía,
la excesiva vanidad, la ira, los celos, la envidia y la avaricia son
expresiones "por exceso" del instinto de conservación. Si el alma
se ve afectada en sentido contrario, "por defecto" del mismo
instinto, tenemos la pereza y ociosidad y la sensación de asco ante la
vida. En el instinto de reproducción, el exceso lleva a la lujuria, la
sodomía, el onanismo; el defecto lleva a la repugnancia sexual y al
infanticidio. El instinto de "asociación", que se refiere a las
relaciones humanas, también experimenta perturbaciones. Si se da por
exceso, desordena el sentimiento de piedad, si se da por defecto, desarrolla
el egoísmo y hace del individuo un misántropo, un mitómano, un
indisciplinado...
NOTAS
(229)
La 1ªparte: Mt 6,9-10 y la 2ª parte: Mt 6,11-13.
(230)
Mt 6,1. El cielo designa la esfera de lo divino, de lo trascendente e
invisible.
(231)
Mt 5,48.
(232)
Ex 4,22; Dt 14,1; Os 11,1; Jr 3,19.
(233)
Se ha escogido esta traducción en vez de "santificado sea tu
nombre", porque es difícil entender como se puede santificar más el
nombre de Dios, por sí mismo perfecto.
(234)
Mt 5,7-9.16: Los hombres deben "glorificar",
"proclamar", "reconocer" las excelencias de Dios como
"Padre", pero a través del comportamiento y de las obras de sus
discípulos.
(235)
Mt 5,3.10.
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LOS
VICIOS Y LAS PASIONES SON PERTURBACIONES ORGÁNICAS O MENTALES.
El vicio y la pasión son perturbaciones, orgánicas o mentales, de
una enfermedad del mismo instinto. La adaptación de nuestras
emociones, sufren una desviación y producen el vicio. Santo Tomás
definía al pecado como de debilidad cuando lo irascible o
concupiscible se hallan afectados por una pasión que les hace
perder el orden razonable y obstaculizan el normal desarrollo de la
acción humana. El hombre es entonces "víctima" del mal
(mal hereditario, social etc.), lo que no quiere decir que le sea
imposible vencer los obstáculos. No hay criminales
"natos", ni ladrones "perversos", lo que hay es
un ejercicio de una voluntad que se manifiesta contra la razón y
que cobra, al igual que los instintos, una segunda naturaleza de
vicio.
VIVEN
EN UN ESTADO DE ANGUSTIA Y DE CULPA.
El
lujurioso o el avaro nunca se hartan de cuerpos o de dinero, son, en
realidad, seres incapaces de descubrir su "estado de
pecado" ante el "Cuerpo" y la "Verdadera
Riqueza". Su sed permanente es precisamente la señal de que en
su alma el deseo de poseer ese "bien" se expresa como la
esclavitud de un cuerpo sin amor y de un dinero sin caridad. Vivirá
en un estado de angustia y de culpa inexplicable. El vicio es el hábito
de la pasión esclava. El pecado se repite sin cesar pues la razón
está anulada por la voluntad de poseer lo que ha decidido como
"indispensable". El apasionado-vicioso se encierra en su
naturaleza, renuncia voluntariamente al conocimiento de sí, a la
vuelta a la vida plena en libertad.
JESÚS
Y EL PECADO...
En la sociedad de Jesús se concebía el pecado como la trasgresión
de la voluntad divina, que era la ley de Moisés. Esta concepción
del pecado tenía su origen en la idea de un Dios soberano que imponía
sus leyes y preceptos a sus súbditos. Al establecer Jesús una
nueva relación entre Dios y el hombre, no como Soberano y súbdito,
sino como Padre e hijo, tiene que cambiar necesariamente el concepto
de pecado. La raíz del pecado está en la actitud que conduce a
actuar injustamente, creando relaciones dañosas para el hombre y
deteriorando la convivencia humana. La adhesión a Jesús, que
orienta la vida hacia la "fidelidad" a Dios y al hombre,
pone fin a esa actitud de "pecado" (228). En la comunidad
de Jesús puede haber fallos y faltas (229), pero, si se produjera
un "cambio de orientación" que apartara de ese camino, el
individuo o la comunidad dejarían de ser cristianos. En el NT nunca
se llama a los cristianos "pecadores", sino
"santos" o "consagrados" (230), porque por el
"Espíritu" se mantienen "fieles a Dios"
procurando el "bien de los hombres".
ES
PECADO TODO LO QUE "REPRIME" AL HOMBRE...
Es
pues "pecado" todo lo que impide el pleno desarrollo del
hombre: el egoísmo, la opresión, el hambre, la ignorancia, la
privación de la libertad; en una palabra: la represión de la vida
(232). El "pecado" se concreta en la adhesión a los
falsos valores que privan al hombre de vida y que han estado
encarnados históricamente en los sistemas sociales o religiosos. El
pecado del "opresor" es el imponer esos valores "la
tiniebla",(233); el del oprimido, en aceptarlos, renunciando a
la plenitud de la vida: La sociedad injusta exige "el
sometimiento" y los hombres abdican de su libertad; se proponen
como valores supremos el dinero y el poder, y los hombres hacen
suyos esos valores; se inculca una ideología que justifica la
opresión que ejerce, y el oprimido la acepta, impidiendo su
posibilidad de desarrollo. Jesús libera a la humanidad de este
pecado y nos comunica una experiencia de vida y libertad, "el
Espíritu", (234) que, al revelar al hombre el valor
"supremo" de la vida misma, lo desengaña de todas las
ideologías que lo coartan y lo estimula a alcanzar su propia
plenitud, desarrollando al máximo su capacidad de amar.
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LA
VOLUNTAD ES LA CAUSA DEL PECADO.
Santo Tomás nos recuerda que toda criatura racional, considerada en
su naturaleza, puede pecar. La naturaleza del hombre está "caída",
alejada del Bien, e incita constantemente al hombre a pensar solo en
sí mismo. Nuestro libre albedrío, nuestra razón, nos acercará o
alejará del bien. La elección del bien es un asunto propio de la
libertad, de la elección racional. Así, por ejemplo, si la ira
"es ciega", el alma se desfigura y la razón se tambalea.
El alma apasionada puede, moral y físicamente, acostumbrarse a su
egoísmo ciego y excluir totalmente la intervención del libre
albedrío, es entonces cuando el pecado se convierte en
"vicio", en hábito, en "segunda
naturaleza"(235): "uno es esclavo de lo que le
domina". El hombre es un esclavo de todo aquello por lo que se
ha dejado vencer. La esclavitud señala, precisamente, la pérdida
de un estado de libertad, del libre albedrío en la elección de
nuestros actos. La voluntad es la causa inmediata y universal del
pecado, es un apetito racional, es un dinamismo hacia la perfección
y su finalidad no es conocer el mundo tal como es, sino vivirlo tal
como ella desea. Cuando la voluntad elige el camino de la unidad, de
"sí mismo" y del "mundo", obliga al ser humano
a superarse por encima de la masa, entonces se manifiesta como una
virtud. El hombre está obligado a conocer el orden y la
arquitectura del universo, que es objeto de la razón. A pesar de la
caída, que no destruye la razón, el hombre reconoce el orden
divino, llamado "orden natural". El término de pecado
"contra natura" se aplica a todo pecado capital, pues
concierne a la voluntad "irracional", maliciosa, que omite
ver el orden divino en la naturaleza de los objetos, del prójimo,
de sí mismo y de Dios. La voluntad es razón de querer, intención
y elección libremente consentidas, si no hay estas condiciones no
hay pecado. Si la razón está presente, incluso en una simple
intención, el acto es voluntario. En la voluntad, el hombre, ante
todo, "quiere", después "decide" y luego
"se decide".
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