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¿DONDE
PODEMOS OÍR A DIOS?
Dios nos habla muchas veces y de muchas maneras (Heb 1 ,1). Nos
habla por medio de nuestra propia conciencia y por medio de la
"religión". El hombre se siente aludido y tiene que
responder, es responsable de escuchar y de contestar a la propuesta,
tanto de una manera positiva como negativa, en eso está
precisamente su salvación o su perdición. Dios siempre nos habla y
nosotros le podemos oír, su voz es clara y diáfana , su palabra es
verdadera, si queremos podemos oírle, pero ese es el problema ¿queremos
oír a Dios? Dios se "revela" dentro de la vida y de la
historia humana. En sus vivencias tanto personal como comunitaria,
el hombre no ve solamente una dimensión política, ideológica o
económica, sino que se pregunta por un sentido importante y
trascendente de las cosas, hay "algo" dentro de él,
profundo e intenso, que le interpela; una voz "diferente"
a las demás voces que es a la vez tan real como las otras. La
respuesta que el hombre dio a esa misteriosa "voz", a esa
"Palabra divina" nos la refleja la Sagrada Escritura del
Antiguo y del Nuevo Testamento, como un testimonio privilegiado de
la escucha de los hombres. La palabra de Dios siempre la oímos,
tanto en los momentos de crisis y de angustia, como en los de alegría
y de gozo. El hombre es un ser histórico y se puede
"medir" en tiempo y en espacio, es por eso que la palabra
de Dios es siempre una palabra "histórica", Dios se
revela en la historia de los hombres.
ESPÍRITU
CRITICO Y OÍDO AFINADO.
El hombre tiene que "calibrar" su oído, quitarse ese
"tapón" que nos impide una perfecta audición, y ese tapón
que es el "mundo" se quita "afinando" la
conciencia que resuena dentro de nosotros, que jamás podremos
reducir al silencio. En el interior del hombre no hay secretos, la
conciencia es la "voz" de Dios, no podemos engañarla,
ella es la que nos premia y nos castiga. El hombre por muy
"grande" que sea nunca tendrá poder contra su conciencia,
jamás podrá dominarla o reducirla y mucho menos destruirla. Podrá
negarla o desobedecerla, pero nunca tendrá poder para hacerla
callar. Ella nos supera, está por encima de nosotros, nos sitúa
ante Dios, que es el que nos habla, nos convoca al bien, a la
responsabilidad y al amor de nuestros hermanos. Es precisamente la
conciencia, la voz que siempre oímos, la que aunque un tanto
mediatizada por la vida y la historia del hombre, provoca en el
hombre una "toma de posición" ante cualquier hecho o
situación. La conciencia es anterior a las leyes y está por encima
de ellas, Dios juzga a cada hombre según su conciencia. Todo hombre
tiene el derecho a ser oído y respetado en sus convicciones y a
actuar en consecuencia. A veces la voz de la conciencia lleva al
hombre a conflictos privados o sociales, a la renuncia de su propia
fama y de su seguridad e incluso de su propia vida (Hch 3 ,20).

¡PERO
DE QUIEN ES ESA CONCIENCIA!
La conciencia está sometida al influjo humano, la familia y la
sociedad la marcan continuamente, la educación intenta moldearla y
en el transcurso de una vida se va formando y modificando tanto para
bien como para mal, incluso a veces se identifica con valores
sociales o ideológicos. Por eso la conciencia tiene que buscar la
"verdad" y ser crítica; deberá discernir si es la
"voz" del sistema, de la moda, de los sistemas
informativos de la sociedad (prensa, radio, TV), o si es de su
"corazón", de la verdadera "Voz" que le habla.
Hay personas que escogen un camino fácil y se identifican
plenamente con los valores de algún sistema social, político o
eclesiástico y pierden la actitud crítica y la libertad de opción.
Es fácil ser inmaduro y es muy cómodo, un libro que piense por mí,
un político que hable por mí, un sistema que me "ahorre"
el preocuparme y me deje "tiempo libre", siempre habrá
personas o ideas que realicen "mi trabajo". Para el hombre
lo más sencillo es "alienar" su conciencia,
"esclavizar" su yo y convertirse en un hombre-masa sin
necesidad de preguntarse por lo que cueste alguna preocupación. A
Dios, por tanto, lo podemos siempre oír en nuestra conciencia. El
hombre es un ser libre e inviolable pues está en contacto y en
relación plena con Dios, pero es necesario para que la conciencia
pueda seguir siendo totalmente libre, dotarla de una actitud
"crítica" para que pueda distinguir esa "voz"
de Dios de entre tantas voces de los tiempos y de los hombres.

ALGUNAS
VECES OÍMOS UN LENGUAJE EQUIVOCADO...
A veces, el lenguaje que nos transmite la Iglesia es, tanto en su
forma como en su contenido, incapaz de decir nada al hombre de hoy.
A veces, la fe está "aclimatada" a una determinada
cultura, se produce una tenaz resistencia ante "lo nuevo"
y aparecen los "conservadores" a ultranza, que temerosos
de cualquier novedad, constituyen los "guardias" de
"lo inmutable y eterno"; constituyen el "ejército"
de Cristo, crean y ocupan escalafones eclesiásticos, asignándose
honores y prerrogativas extraevangélicos. Se facilita de esta
manera que algunas personas puedan vivir "de Cristo" y no
"para Cristo". Es lo que ocurre con los que consideran la
"Jerarquía", no como necesidad básica y necesaria para
el desarrollo armónico de la Iglesia, sino como lugar de promoción
personal. Son los llamados "funcionarios" de la Iglesia.
Podemos recordar "la lucha" que mantuvieron estos
"funcionarios" de la "verdad", durante más de
un siglo, hasta la muerte de Pío XII, contra la "sociedad
moderna". Hasta que por fin el buen Papa Juan XXIII rompió
definitivamente esa barrera de fuego convocando el Concilio Vaticano
II, incitando a todos los católicos del mundo a reemprender el diálogo
fe-cultura y a reformular el "Evangelio" en palabras y
expresiones inteligibles para el hombre actual.
COMUNIQUEMOS
LA BUENA NOTICIA...
Evangelizar, pues, hoy día, es comunicar a todos los hombres esa
"Buena Noticia" y no "una doctrina", es
comunicar "lo que ha sucedido"; es anunciar a Jesucristo,
que vino a este mundo para inaugurar el "Reino de Dios" y
que aunque fue crucificado, sigue vivo entre nosotros y su Reino
continúa extendiéndose, hasta que, al final de los tiempos,
alcance la plenitud definitiva. Para poder evangelizar es necesaria
la "acción en favor de la justicia", pues no bastan las
palabras y es necesario algún tipo de comprobación. Pablo VI (Evangelii
Nuntiandi), nos dice: "el hombre contemporáneo escucha más a
gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan; o, si escucha
a los que enseñan, es porque dan testimonio". En la homilía
de la misa, en el parque de "Matos Neto" (Uruguay), insistía
el Papa: "la preocupación por el pan para el hombre acompaña
siempre a la evangelización... la nueva evangelización impulsada
por el mandamiento del amor, hará brotar la deseada promoción de
la justicia y el desarrollo de un sentido pleno, así como la justa
distribución de las riquezas y el respeto de la dignidad de la
persona". Una evangelización con "nuevos bríos",
resaltaba el Papa en la mencionada homilía y añadía: "El
"tiempo nuevo" se inicia por la conversión del corazón;
es la clave del ardor renovado de la nueva evangelización". Se
necesitan "expresiones nuevas" que intenten reformular el
Evangelio en un lenguaje vivo y actual, para que el mensaje recupere
la frescura y atracción primitivas. Hacen falta "nuevos métodos",
sin presiones sociales "a favor de los cristianos", que se
apoyen en la fuerza de la Palabra de Dios y no en los poderes de
este mundo.

POR
FAVOR, QUEREMOS QUE NUESTRA IGLESIA NOS ENTUSIASME UN POCO MAS...
ANA: Si no cambiamos el rumbo, la Iglesia seguirá con sus actuales
problemas y estos no son sus carencias o sus defectos, sino,
sencillamente, el hecho de que la "Iglesia actual" no
resulta "interesante" para el hombre de hoy, no entusiasma
demasiado. Tenemos una Iglesia demasiado
"institucionalizada" y en muchos casos, dirigida por
Obispos también "institucionalizados", que son los
gestores de una estructura "inamovible", que no viene
reflejada en los Evangelios. Factores que propician la ineficacia; y
no dejan espacio al Espíritu Santo, con esa institución tan
"centralizada" y "organizada" para que
"sople" donde quiera (40). Tampoco se puede confundir el
sea necesaria la "institucionalización" de la Iglesia con
que la "organización actual" sea la más idónea para la
comunidad y para la expansión del Reino de Dios. A veces, los
"intereses" de algunos "funcionarios eclesiales"
(de la llamada jerarquía) se entremezclan y entrelazan con los
verdaderos intereses cristianos y a veces prevalecen sobre ellos.
Por eso "determinadas estructuras" pueden seguir
existiendo e incluso creciendo, estructuras que en la mayoría de
los casos no son actualmente necesarias e incluso pueden ser
perjudiciales para los fines de la Iglesia, que no deben ser otros
que los de Dios.
NOTAS
(35)
Rom 1,20: "Las cosas creadas hablan de Dios".
Sal
19,2: "El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento
pregona la obra de sus manos".
Sal
8,2: "Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en
toda la tierra!.
Sal
136,1: "Dad gracias al Señor... sólo él hizo
maravillas".
(36)
1 Cor 13,11.
(37) Dt 6,6.
(38) Jn 13,15-17.
(39) Jn 6,60.
(40) Jn 3,8.
(41)
Ef 1,22-23.
(42) Ef 5,23.
(43) 1 Cor 10,17.
(44) Lc 7,25.
(45) Mc 20,25.
(46)
Ef 4,14-16.
(47) Mt 23,9.
(48) Mt 23,8.
(49) Mt 23,10.
(50)
Lc 22,25.
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LA
IGLESIA ES UN "CUERPO" DEL QUE TODOS FORMAMOS PARTE Y LA
CABEZA ES CRISTO.
Dios, pues, colocó todo bajo los pies de Cristo y lo puso como
cabeza suprema de la Iglesia. Ella es su cuerpo, y "el que
llena todo en toda forma" despliega en ella su plenitud (41).
... como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es
asimismo salvador (42). Uno es el pan y por eso formamos todos un
solo cuerpo, porque participamos todos del mismo pan (43). La
Iglesia la componen todas aquellas personas que tienen "el
mismo Espíritu de Cristo", profesan la misma fe católica,
tienen los mismos sacramentos y obedecen a los obispos y al Papa.
Pero de hecho, la primera y principal condición: la de tener el
"Espíritu de Cristo" está sin determinar, pues en la práctica
basta con estar bautizado y no se tiene en cuenta si se vive o no de
acuerdo con el Evangelio. Por eso, a veces, encontramos algunos
cristianos (y es francamente escandaloso cuando forman parte de la
jerarquía), cuyos valores y forma de comportarse son lo contrario a
los que encontramos en el mensaje de Jesús. Por ejemplo: - Las
apetencias de cargos importantes y puestos de relieve. - Sentarse en
lugares preferentes y sillones "especiales". - Codearse
con las personas de "renombre", sin importarles algunas
veces si son ricos y poderosos explotadores. -

Utilizar con el
pretexto de la "tradición", vestimentas especiales (a
veces con brocados, sedas, oro etc...) para que públicamente se
distinga su pertenecía a la clase dominante, a los grandes de este
mundo. Al contrario de lo que Jesús claramente dijo (44) que el
vestido lujoso y llamativo era señal de pertenecía a esa clase
social. Con esas vestimentas tan diferentes a la moda actual, se
pueden recibir reverencias en la calle y primeros puestos en fiestas
y lugares públicos y privados.

El evangelio señala muy claramente
a todos los cristianos cómo tiene que ser el atuendo de los que van
a predicar el mensaje de Jesús. No es lo más importante de esto la
vanidad que conlleva, sino que como dice Marcos (45), lo
verdaderamente importante es que el puesto preeminente supone
claramente dominio y mando sobre los demás y no servicio. La
dimensión jerárquica de la Iglesia es necesaria y eso los
creyentes no lo pueden poner en duda, pero esa dimensión es
precisamente para el servicio a la comunidad.

¡CUIDADO
CON ALGUNOS "LISTILLOS" Y "ASTUTOS"!
Entonces
ya no seremos niños a los que mueve cualquier oleaje o cualquier
viento de doctrina, y a quienes los hombres astutos pueden engañar
para arrastrarlos al error. Más bien, viviendo según la verdad y
el amor, creceremos de todas maneras hacia aquel que es la cabeza,
Cristo. El da organización y cohesión al cuerpo entero, por medio
de una red de articulaciones, que son los miembros, cada uno con su
actividad propia, para que el cuerpo crezca y se construya a sí
mismo en el amor (46). A algunos les gusta demasiado los "títulos"...,
no fue eso lo que aconsejó el Maestro. "Padre",
"abad": Tampoco llamaréis "padre" a nadie en la
tierra, porque sólo tenéis un Padre, el que está en el cielo(47).
"Maestro": Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar
"maestro", porque tenéis un solo Maestro y todos vosotros
sois hermanos (48). "Jefe" o "doctor": Ni
consentiréis que os llamen "jefe", porque vuestro jefe es
uno solo, Cristo (49). "Monseñor", "señor",
"excelentísimo", "reverendísimo": ... se hacen
llamar bienhechores (señores). Vosotros no debéis ser así. Al
contrario, el más importante entre vosotros se portará como si
fuera el último, y el que manda como el que sirve (50).

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