Para los amigos de la Parroquia Virtual                                                                                                              El fin no justifica los medios...

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LA IGLESIA ALGUNAS VECES CHOCA CON EL EVANGELIO...

¿Cuidado con los que proponen una religión de "simulada humildad" que solamente es "enseñanza de hombres". No dejéis que os lo quiten los que proponen una religión de simulada humildad y que sirven a los ángeles. En realidad, no hacen caso sino de sus propias visiones y se inflan de orgullo con sus propios pensamientos, en vez de mantenerse en contacto estrecho con la cabeza, Cristo (51). Es chocante que en la Iglesia se lea diariamente el Evangelio, que además lo leen gente de buena voluntad, y que muchas de las veces se haga lo contrario a lo que se lee. Y mucho más chocante es el hecho de que cuando se denuncia la incoherencia de todo esto, y lo único que se pretende es que se haga lo que se predica, muchas personas que dicen que son creyentes en Jesús y en su Evangelio, ponen el grito en el cielo y se sienten ofendidas y escandalizadas, es muy extraño todo esto. Unos echan la culpa a Obispos y sacerdotes por no estar a la altura que debieran o a su falta de vocación y otros culpan a los laicos en general por causa del materialismo imperante en nuestra sociedad. ¿Entonces, por qué pasa esto? ¿Cuál es la causa de que esto ocurra? Entre otras, podemos decir que "el aparato eclesiástico", institucionalizado y fuertemente jerarquizado y centralizado, forma una enorme barrera que no deja suficiente espacio a la luz del Evangelio. La Iglesia ya no es una comunidad de personas, que han dado ese paso decisivo en su vida de "convertirse" a los valores que nos enseño Jesús y han abandonado esa escala de valores (la tiniebla) de la sociedad que nos rodea. La Iglesia se ha convertido en una gran institución, extendida por todo el mundo y dotada de una fuerte organización burocrática que además de ser una institución "religiosa" lo es también docente, asistencial, política, cultural y económica. Coexisten en la Iglesia una gran cantidad de organizaciones y actividades de toda índole que, por desgracia, forman un árbol tan frondoso que a veces impide el paso de esa luz que es el Evangelio.  

 

 EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS...

A los fines estrictamente evangélicos se oponen y muchas veces, y ahí está nuestra protesta, intereses totalmente "mundanos". Estas dos grandes fuerzas, cuando no se coordinan perfectamente entre si, producen el siguiente efecto: la "organización eclesiástica" y sus diversas actividades consiguen muchas veces "neutralizar" la fuerza del Evangelio, que esta misma organización no cesa de predicar. El evangelio nos dice muy claramente que no tenemos que poner nuestra confianza en el poder y en las riquezas, sino en la palabra de Dios, en lo que se predica y se enseña. Es por tanto un gran error el buscar con tanto ahínco el poder, el prestigio y el dinero, por creer que es necesario para llevar a cabo una buena evangelización. El fin no justifica los medios y la Iglesia no necesita ni poder, ni prestigio, ni dinero para salvar a los hombres, pues semejante doctrina nunca la enseñó Jesús, es antievangélica. Todos sabemos que el mando para someter a la gente, la pompa, el boato eclesiástico, tanto "título" y "prebenda" y tanto "poder" y "dinero" que atrae la corrupción no son muy edificantes, sobre todo en un mundo con tanto pobre y desgraciado.  

 

 

 

 

LA BARCA DE SIMÓN HACE AGUAS...

Hay veces en que la crítica a la Iglesia es fruto del odio e incluso puede ser excusa para justificar la voluntad de "no creer"; pero otras veces, las más, esas críticas son un obstáculo sincero y son las causas de "dudas" contra la fe. Veamos una fábula de Tomás de Iriarte que no necesita comentario:
              
  Tuvo Simón una barca no más que de pescador
                y no más que como barca a sus hijos la dejó.
                Mas ellos tanto pescaron e hicieron tanto doblón
                que ya tuvieron a menos no mandar buque mayor.
                La barca pasó a jabeque, luego a fragata pasó;
                de aquí a navío de guerra, y asustó con su cañón.
                Mas ya roto y viejo el casco de tormentas que sufrió,
                se va pudriendo en el puerto ¡lo que va de ayer a hoy!
                Mil veces lo han carenado, y al cabo será mejor
                desecharle, y contentarnos con la barca de Simón.

En su "Historia de los heterodoxos españoles" (Libro 6, capítulo 3), Menéndez Pelayo dice que es la poesía "heterodoxa" conocida, más antigua de la lengua castellana. Al lado del poder casi siempre nos encontramos al dinero. Jesús en esto fue tajante: No podéis servir a Dios y al dinero (52). Y servir al dinero es buscarlo con asiduidad, tenerlo en demasía y poner el él nuestra confianza para poder arreglar nuestros problemas. El dinero y lo que ello acarrea es el peligro numero uno para las comunidades cristianas. Aunque a nivel individual, muchos clérigos viven estrechamente e incluso pasan apuros económicos, la Iglesia como institución tiene grandes tesoros y palacios y maneja mucho dinero y lo maneja porque la organización actual de la Iglesia así lo requiere, necesita del dinero para salir adelante, pues tiene una gran la cantidad de obras y compromisos que atender. Y para mantener los privilegios, muchas veces, casi siempre, es necesario hacerse amigos de los "ricos" y pasar por alto "algunas cosas", es el precio que se tiene a veces que pagar.

 HAZNOS A NOSOTROS, TU IGLESIA, SENCILLOS Y HUMILDES, SEÑOR...

"Por aquel tiempo exclamó Jesús: - Bendito seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; si, Padre, bendito seas, por haberte parecido esto bien. Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontraréis vuestro respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera" (53). El Padre, es el Señor del universo, Jesús le bendice por la decisión que ha tomado: los llamados "intelectuales" no van a poder comprender estas cosas; al contrario de los llamados "sencillos". Los humildes podrán comprender todo el significado y el sentido de las obras de Jesús. La "Revelación" de Jesús se podía haber realizado de manera deslumbradora y autoritaria, pero el Padre ha querido que dependa de la "disposición" del hombre que escucha. Los "sabios y entendidos" a que se refieren los versículos citados, son hipócritas, que lo honran con los labios, pero tienen muy lejos el corazón, no pueden captar "el sentido" de las obras de Jesús, su falta de sinceridad hace inútil su ciencia, les impide aceptar las conclusiones a las que les debería conducir. Jesús no ha venido a llamar a los "justos", sino a los "pecadores". Estos "justos", son los que creen que no necesitan salvación, están satisfechos de sí mismos y por eso no quieren salir del estado actual en el que viven. Los "pecadores", en ese sentido tan amplio, son los que no están conformes con la situación en que se encuentran y desean la "salvación". El "conocimiento" de que hacen gala los "entendidos" y que se adquiere, muchas veces, en el "concienzudo" estudio de la Ley, no es pues el verdadero conocimiento. El "sencillo" es el único capaz de captar a Dios como "Padre" y de esa manera puede experimentar su amor y Jesús puede comunicarle su Espíritu, para que se le abran los "oídos" y entienda.

 NUESTRO MAESTRO ES DIFERENTE...

Jesús es un maestro diferente a estos "sabios y entendidos", no es violento, sino humilde; no quiere "dominar" al discípulo, sino que le abre los ojos para que pueda libremente escoger su mensaje de alegría y de paz. Jesús es la luz que va a transformar a los "pecadores"; luz que nos ilumina a todos los que vivimos bajo la sombra del pecado, del egoísmo en todas sus formas y de la muerte; luz que intentan apagar algunas veces incluso la propia institución religiosa, algún que otro "sabio y entendido"; luz que pone al descubierto las falsedades de muchas "tradiciones humanas" que a lo largo de la historia han olvidado el significado de la palabra "amor"; luz que nos muestra las consecuencias del "legalismo" y de la "injusticia". Con su Evangelio, Jesús, nos devuelve la dignidad que hemos perdido a lo largo de la historia y nos hace ver que "seguirle" no significa que tengamos que abandonar nuestro propio "ambiente" y debamos buscar una comunidad ideal y fantástica, sino que, cada uno, debe dar testimonio entre los suyos y adaptar el mensaje a su propia realidad y a sus costumbres.

 LA RELIGIÓN NO CONSISTE EN UNA SERIE DE RITOS PARA APLACAR A DIOS Y EVITAR LOS CASTIGOS...

El judaísmo (al igual que hoy ciertas religiones y algunos sectores "ultras" cristianos) insistió más y más en la trascendencia divina, es decir en la distancia entre Dios y el hombre. Los códigos de pureza y de santidad y el legalismo fariseo aumentaban la distancia entre Dios y el hombre. Los israelitas con un sentido continuo de culpa ; veían a Dios como un Soberano exigente y minucioso a quien repugnaba la vida del hombre. Se encontraba inconcebible cualquier familiaridad con Dios. El AT además, presentaba la imagen de un Dios violento y rencoroso que destruía a la humanidad por el diluvio (54) o las ciudades malditas (55) o a los que deseaban carne para comer (56) o a los que violaban el sábado (57) o a los que cometían ciertos pecados sexuales (58) o a los adoradores de imágenes (59). Era un Dios lejano y exigente, aborrecía y castigaba a los que no le obedecían con minuciosa fidelidad. Aunque muchos profetas habían insistido en el amor de Yahvé por Israel (60), el pueblo, conservaba la imagen de un Dios distante, objeto de temor y celoso de su poder. Para los paganos la relación con sus dioses no se había concebido nunca como amor. No podía existir ningún vínculo entre el dios inmenso e incomprensible y la pequeñez del hombre. El dios tenía el poder y ciertos privilegios, los hombres estaban celosos (inmortalidad, felicidad). Cuando el hombre conseguía "mucha" felicidad al dios le parecía arrogancia y el hombre era castigado. Por tanto, la actitud del pagano era de temor y su deseo era siempre el evitar el castigo. Su sistema religioso consistía en un conjunto de ritos para aplacar a los dioses.

 EL LA MOTA EN EL OJO AJENO

<<< No juzguéis y no seréis juzgados, porque os van a juzgar como juzguéis vosotros y, la medida que uséis, la usaran con vosotros (Mt 7,1)>>>
Tenemos siempre la cuestión del amor. "Juzgar" se refiere a un juicio condenatorio; condenar a otra persona, de tal forma que puedas llegar a irrumpir la comunicación con ella. Aquí dice que Dios se porta con nosotros como nosotros nos portamos con los demás. "No juzguéis y no os juzgarán": si vosotros aceptáis a la gente, Dios os acepta a vosotros. "Y la medida que uséis la usarán con vosotros": la misma. ¿Qué quiere decir eso?: que nosotros podemos recibir el amor del Padre en la medida que nosotros demos amor a los demás; si nosotros nos cerramos al amor, no podemos recibir el amor del Padre; y cerrarnos al amor es condenar a una persona, juzgarla de esa manera severa, como hacían los fariseos, que decían "este es impuro, un descreído, uno que no cumple la Ley, que no tiene religión y con él no se puede tener contacto". Pues esto se dice a la comunidad cristiana. Puede haber actitudes dentro de ella que sean parecidas a las de los fariseos. Y sabemos la tendencia que tenemos a juzgar y condenar a los demás: es cosa, desgraciadamente, muy espontánea eso de criticar por dentro. Se manifestará o no luego, pero creo que todos podemos confesarnos del juicio espontáneo negativo. Si eso se lleva a la práctica, interrumpe la relación con el otro y, entonces, "mala cosa"; el Señor comenzará también a distinguir en ti y no te aceptará como eres, ya que tienes también muchos lados negativos. Y no es que Dios se proponga hacer eso, sino el que se cierra al amor con los demás, no puede, no tiene capacidad para recibir amor. La "cantidad" de amor que podemos recibir está en función de la que demos. "La medida que uséis la usarán con vosotros". Por eso, aunque sea una tendencia muy común, que llevamos dentro como un lastre, hay que irla desechando: no juzguemos negativamente.

NO REPARAS EN LA VIGA QUE TIENES EN EL TUYO

<<< ¿Por que te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que tienes en el tuyo?. 0 ¿como vas a decirle a tu hermano "deja que te saque la mota del ojo" con esa viga en el tuyo?. hipócrita, sácate primero la viga de tu ojo; entonces veras claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.>>>
La "viga" es la falta de amor. Ese es el gran defecto; cuando uno tiene esa perspectiva maldita para ver lo que son los demás, esa intuición malvada, esa mala actitud, que supone una total falta de amor. Porque la lucidez, esa no va más que al acto mismo o a lo que a mí me choca en el acto de otra persona, sin considerar las circunstancias, el temperamento, la ocasión, tantas cosas que hacen cambiar la naturaleza, incluso, del acto mismo. Esta falta de amor es la viga en tu ojo y por ella tu no puedes ver las cosas como son, ya que el verdadero conocimiento se tiene a través del amor, no solo a través de la cabeza. El que no ama, no conoce; no conocemos a una persona si no la amamos. Cuando la queremos, entonces empezarnos a conocerla de verdad. Hay que guardarse de esto: la viga en el ojo es la falta de amor. Y tú, que no tienes amor y no ves las cosas como son, ¿cómo te atreves a reprochar un defecto a otra persona?; si el defecto grande lo tienes tú, tienes el defecto mortal de no tener amor. Y pone la palabra "hipócrita" en paralelo con los fariseos: de modo que hay peligro también de fariseísmo en la comunidad cristiana, de los que se creen buenos y van a corregir a los malos. Y no se puede corregir a uno poniéndose en el papel de bueno, eso es muestra de superioridad y falta de amor, porque sólo a través del amor podemos hacer juicios.
El segundo peligro de la comunidad cristiana es el juicio implacable estilo fariseo. Y ¿cómo podemos nosotros sabernos buenos mientras los demás son malos?: no hay más que un criterio, el de la Ley; cuando hay una norma clara, se juzga todo con la regla en la mano -sea la de Moisés, sean las de ahora-, basta con un texto que sea norma de moralidad, bondad y maldad: todo está clarísimo. Y, si es un texto al que le damos valor divino, como los fariseos que -la Ley de Moisés- tenían claro quién era bueno y malo, pues la ley estaba dada por Dios y quiere que la cumplamos: como yo la cumplo, soy bueno, y el que no, es malo. Ya está dividida la humanidad en dos partes: en cuanto hay ley, se acabó la solidaridad humana. Por eso, Jesús lo primero que dice es "fuera la ley y las normas de moralidad, bondad y maldad; hay bondad y maldad, pero están dentro y se ven por las obras, no por atenerse a normas: el que muestra amor y obras de amor, no hay más". Por eso, aquí, al decir "hipócritas" -aludiendo a los fariseos- quiere expresar que también dentro de la comunidad puede haber esas fidelidades a códigos, a leyes, a reglamentos con los que uno se siente tan seguro, puesto que es observante. Y de la observancia, en sí misma, no dice nada Jesús; lo que hay que hacer es practicar el amor. Y la práctica del amor muchas veces tiene que saltarse la ley, porque las leyes pueden ser, y son a menudo, un impedimento para la verdadera práctica del amor.

 

 

CUIDADO, NO OS PISOTEEN Y SE VUELVAN CONTRA VOSOTROS...

<<< No deis lo sagrado a los perros, ni les hecheis perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y, además, se vuelvan y os destrocen>>>

 Los perros y los cerdos eran animales impuros. Este perro no tiene nada que ver con el perro nuestro doméstico; era un animal vagabundo que comía carroña; y el cerdo ya sabemos que, en la cultura judía, era el animal impuro por antonomasia. Y dice: "no deis lo sagrado a los perros": esto es un aviso de cautela. El cristiano vive el mensaje de Jesús, experimenta el amor del Padre y quiere eso para la humanidad entera. Naturalmente, él no excluye de su amor a nadie, pero tiene que ser prudente; debe saber que no todo se puede decir a todo el mundo. "Lo sagrado" es lo de Dios. "Vuestras perlas" es lo mismo, pero desde el punto de vista nuestro. Lo sagrado es lo que pertenece a Dios y nuestras perlas son nuestro tesoro. Perlas indica el gran valor: la experiencia de Dios, del Espíritu, el nuevo amor, la nueva entrega son "nuestras perlas", y eso no se puede echar a los animales impuros.


En Mateo está el corazón limpio o puro, y el impuro. El corazón limpio, el de las Bienaventuranzas, es el que no tiene segunda intención contra nadie y actúa completamente abierto; nunca habrá que temerle zancadilla ni faena; es la persona perfectamente coherente con su interior, la transparencia que, como no tiene mala intención, no busca su propio interés. En cambio, los que tienen el corazón impuro actúan con mala intención, los que causan males a los demás por buscar su propio interés, provocan injusticias, hacen daño. Porque ya la pureza no está en observar la Ley, en no tocar lo prohibido: está dentro del corazón. Estar limpio o sucio (tener acceso a Dios o no tenerlo) es algo que está dentro del corazón. Si el hombre está abierto a su prójimo, no busca intereses bastardos, está en sintonía con Dios: y el que los busca no está. Esas personas, que están positivamente en actitud contraria al mensaje de Jesús, que no pueden tolerar el mensaje -porque toca intereses suyos- los que no pueden aguantar una propuesta como la del Evangelio, a ésos no hay por qué proponérselo.
No hay que decir: "yo digo a todo el mundo lo que pienso"; pues no señor, no hay por qué. La comunidad cristiana está dispuesta a aceptar la persecución por su modo de vida, que provocará una molestia mayor o menor dentro de la sociedad (cosa que puede llegar a la persecución violenta o, al menos, a ser una cuña), pero lo que no tiene que hacer es provocar eso por imprudencia, ni intentar convencer a gente que se sabe que está en actitud completamente contraria y de modo consciente. Hay otro dicho en el evangelio de Mateo que dice: "Sed cautos como serpientes e ingenuos como palomas". Se decía que la serpiente, cuando la apaleaban, escondía la cabeza (la parte más vital) y por eso tenía fama de prudente. Es decir, no hay que provocar situaciones extremas. "No deis lo sagrado a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y, además, se vuelvan y os destrocen". Primero, que no va a apreciar nada: lo que para vosotros es un valor supremo, para ellos es despreciable. No se puede proponer el mensaje para que se rían, tiene que ser a gente que tenga cierta disposición a recibirlo, pero no a los que van a despreciarlo. Es demasiado sagrado y valioso para eso. Además, es que, como eso "toca a lo vivo", puede ser que se vuelvan contra vosotros y os destrocen. No hay por qué provocar la persecución.

 

 NOTAS

(51) Col 2,16-19.

(52) Mt 6,24.

(53) Mt 11,25-30.

(54) Gn 6 y Gn 7.

(55) Gn 19,24-29.

(56) Nm 11,31-35.

(57) Ex 31,15.

(58) Lv 20,13-18.

(59) Ex 32,27-29.

(60) Os 2,16.25; Is 49, 14-26; Jr 2,1-13.