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NOS
HAN METIDO MUCHA TINIEBLA.
Tenemos mucha "tiniebla", mucha ideología que nos han
metido dentro, ideología de miedo, de temor, de sumisión, de
desconfianza en nosotros mismos, eso lo llevamos dentro porque así
nos han educado, eso es lo que se opone a nuestra plenitud humana.
Cuando brille en nosotros esa "lucecita" de deseo de
plenitud, sabemos que eso es de Dios. Cuando queramos sentirnos
libres, cuando queramos abrazar al mundo en nuestro corazón, eso es
de Dios. No apaguemos esa luz aunque nos cueste trabajo. Dios tenía
desde siempre un proyecto que le urgía, el hacer que el hombre
tuviera la condición divina. Con esto se desbarata una de las
constantes de las antiguas religiones, la rivalidad de los dioses
con los hombres. La única realidad, es que Dios ama tanto al hombre
que quiere hacerlo como El. Dios no quiere someter el mundo, quiere
que nuestra relación con El sea de igualdad, porque el hijo adulto
es igual al padre y aunque la distancia entre nosotros y El es
infinita, El quiere "echar un puente" para reducir esa
distancia. Por eso, la actitud ante nuestro Padre, no es "de
rodillas", en actitud suplicante, como un mendigo; nuestra
actitud es la de un hijo: respeto, confianza, amistad, amor.
Pertenecemos a su casa, a su familia, nos trata como a hijos y no
como a siervos o como a súbditos. Ha finalizado toda la rivalidad
Dios-hombre, todas las concepciones de las religiones paganas, judías
...etc., todo ese abismo entre Dios y el hombre (como en el Islam o
la religión judía), ese "totalmente otro" queda
olvidado. El hombre se parece a Dios porque lo ha hecho a su propia
imagen y semejanza, por eso Dios es de alguna manera "el
Hombre" por antonomasia. Por eso nos dicen muy poco "las
religiones", con su serie de ritos y ceremonias, pues no llegan
a conocer plenamente al Dios "Padre".
OJO
CON LA ORTODOXIA DE ALGUNOS GRUPOS...
Hay que tener mucho cuidado con esa "ortodoxia" que sirve
como base a una posición social y que asegura la explotación del
pueblo, tanto económica como espiritual, moral y psicológica. La
ortodoxia puede ser un instrumento de opresión, pues no consiste en
"bizantinas" disputas sobre asuntos teológicos, sino que
fundamenta una doctrina que proporciona muchas ventajas a los
dirigentes. No son condiciones meramente intelectuales, no es eso,
no es la fidelidad a una fe que llega al corazón, es la fidelidad a
una doctrina que Jesús define como "la tiniebla", la
mentira, que con sus argumentos oculta el amor de Dios al hombre,
este no puede saber que Dios lo ama y por tanto se le impide conocer
su verdadero destino. Cuando se conoce el amor que Dios nos tiene es
entonces cuando conocemos nuestras posibilidades y podemos
conocernos a nosotros mismos. Tenemos que tener por tanto mucho
cuidado con esas doctrinas que nos ocultan de una manera o de otra
el amor de Dios y nos lo presenta como el "aliado" de la
institución y como la institución oprime, Dios quiere la opresión,
entonces como Dios lo quiere, el pueblo se somete. Se impide por
tanto el desarrollo humano y se frustra el proyecto de Dios para el
hombre. Nos podemos dar cuenta que con todo esto lo que se pretende
no es el tratar de resolver cuestiones intelectuales ni de
fidelidades religiosas, no, es bastante más complicado que todo
eso, hay muchos "intereses" de grupo, del grupo dirigente.
Esto es lo que nos dice Jesús, cuidado con el "príncipe de
este mundo", que no es precisamente un satán personificado,
sino la representación del "círculo de poder", cuyo
padre es el diablo, es decir el poder del dinero.
BUSCANDO
UN HOMBRE NUEVO...
Desde siempre el hombre ha soñado en su futuro y sabe de la
necesidad de que el hombre actual tiene que ser superado. Siempre
estamos buscando a ese "hombre nuevo" que nunca
encontramos. En todos los tiempos y culturas el sueño del hombre es
alcanzar la inmortalidad, es como una necesidad inherente a todas
las civilizaciones humanas.
En la epopeya de Gilgamés, los mesopotámicos relatan a semejanza
de los relatos bíblicos, la creación del mundo y su destrucción
por medio de un diluvio universal. Gilgamés angustiado por la
proximidad de la muerte busca un árbol de la vida, árbol que
consigue que el hombre posea la inmortalidad. Pero nuestro héroe no
lo encuentra y, al igual que el resto, muere y todo no pasará de
ser un maravilloso sueño.
Los egipcios prometen al hombre bueno una vida mejor en un nuevo
mundo, con los dioses Osiris, Re, Atum y Horus. Los cadáveres son
embalsamados para su paso hacia el hipotético mundo del más allá.
En el Antiguo Testamento, el judaísmo, creó el relato del paraíso,
en el que el hombre se relaciona a la perfección con Dios, con su
compañera y con el mundo y los animales. Hay una situación de
armonía y paz perfecta entre el hombre y la naturaleza, es un jardín
maravilloso y único. Son estos ejemplos de como el hombre
manifiesta esa esperanza que le desgarra desde siempre el corazón,
al igual que a nosotros hoy.
EL
SUPERHOMBRE...
Sin embargo, actualmente, no esperamos que ese nuevo hombre deseado
surja del cielo, intentamos crearlo por medio de manipulaciones biológicas,
intentamos crear un hombre "a la carta". Nuestro proyecto
más importante es el "experimento- humano":
manipulaciones de embriones humanos, transplantes de órganos,
cambios genéticos, controles de natalidad, inseminaciones
artificiales, mutaciones de cromosomas... Hay quien prepara selectos
bancos de semen humano con sus correspondientes catálogos y que
proporcionan a futuras mamás, para que sus nuevos hijos posean las
mejores cualidades tanto físicas como intelectuales. Se intentan
"fabricar" nuevos seres, especialmente preparados para
viajes espaciales o para cualquier otro destino: vivir en el mar,
comer otra clase de comida, adaptarse a una nueva situación o bien
poseer una nueva estructura mitad máquina, mitad hombres. También
nos gustaría que algunos hombres desarrollaran un gran cerebro para
poder especializarse en cuestiones científicas o filosóficas. ¿No
sería también aconsejable dotarnos de alguna enzima especial para
que, ayudados por algunos microorganismos, podamos digerir celulosa
como hacen las hormigas?. Este superhombre es el ideal de muchos
hombres de "ciencia", un hombre exento de taras y defectos
físicos incluso dotado de gran equilibrio, rectitud, sensibilidad y
valores éticos. Este "éxito" de nuestra actual
civilización, tanto a nivel biológico como cultural, de estos
experimentos que se están llevando a cabo de un modo irreversible,
quizá pueda poner los cimientos de nuestra propia aniquilación.
Hay una medida y un criterio ético para estas manipulaciones
humanas, que algunos científicos ignoran, pues aunque la
automanipulación para un progreso psíquico-físico de la especie
humana es totalmente legítimo, muchas veces quedan vacíos los clásicos
conceptos de la moral y urge orientar los mismos, con una visión ética
y religiosa, hacía una mayor humanización.
EL
HOMBRE NUEVO YA EXISTE...
El hombre nuevo, el hombre definitivo ya existe, pasó por la
historia del hombre y la llevó a su meta definitiva: se llama Jesús
de Nazaret, nació hace 2.000 años y es el Cristo resucitado.
Nuestros anhelos de plenitud, de potencia del ser, de armonía con
Dios, con los demás hombres, con los demás seres vivos y con la
naturaleza se han cumplido. Este hombre, tantas veces anhelado,
existe y se nos ha revelado plenamente. Por eso para nosotros, los
cristianos, nuestra religión no es una religión del "Super-hombre",
sino del "Hombre-Dios". Nuestro futuro está claro, no es
el de un hombre que manipulado perfectamente se pueda transformar en
ese hombre ideal tantas veces soñado y deseado, sino que nuestro
futuro es el mismo que el de Jesucristo. El es el primero que alcanzó
esa meta tan anhelada por la humanidad, su humanidad se ha
transfigurado, su cuerpo es "glorioso", está liberado de
las limitaciones de nuestro cuerpo, de sus grandes estrecheces, de
los sufrimientos y de la muerte. La inmortalidad ha dejado de ser
una utopía y nosotros los cristianos, al mismo tiempo que nos
alegramos profundamente de los progresos de las conquistas biológicas,
sabemos que eso no es ni la sombra de lo que Jesús nos prometió
con su Resurrección y que el es verdaderamente el nuevo Adán.
- Nuestro destino está claro...
Nuestro destino está claro, nuestro futuro es el mismo que el del
nuevo Adán, a semejanza de él, nuestro destino es la resurrección.
"¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de mi condición
presente que no es más que de muerte?" (176)
Para nosotros, los hombres de hoy, lo que más nos interesa, no es
la cuestión de ¿quién somos? sino la de ¡cuál es nuestro
futuro! Todas nuestras ansias de realización personal, social y cósmica
se acaban con la muerte.
"Enjugará toda lágrima de sus ojos y ya no existirá la
muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas porque lo anterior ha
pasado" (177).
CREED
EN LA BUENA NOTICIA...
Nuestro nuevo Adán, Jesús de Nazaret, hablaba de esta forma:
"El plazo está vencido, ha llegado el Reino de Dios. Tomad
otro camino y creed en la buena noticia"(178).
"Cambiad de vida y de corazón, porque está cerca el Reino de
Dios"(179). Y el Reino de Dios no es algo utópico, interior y
espiritual, que tengamos que esperar más allá de este mundo, es,
precisamente, la liquidación del mal que nos limita y nos corroe,
con sus funestas consecuencias, es, la transformación de este mundo
según la idea que Dios tiene para él.
Los milagros de Jesús son signos de su acción salvadora, no son
sucesos espectaculares:
"... y con esto sabed que el Reino de Dios ha llegado a
vosotros "(180).
Con el nuevo Adán se curan las enfermedades:
"... con una sola palabra sanó a los enfermos" (181).
"... y todos los que le tocaban quedaban sanos" (182).
Se tranquilizan las fuerzas de la naturaleza:
"... dio una orden a los vientos y al mar, y todo se calmó"
(183).
Se acaba el hambre:
"Y cuando todos estuvieron satisfechos, se recogieron doce
canastos llenos de sobras del pan y de los peces" (184).
Se perdonan los pecados:
"... Hijo, tus pecados te son perdonados" (185).
"... Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar más"(186).
El luto se convierte en alegría:
"Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: "No
llores.". Después se acercó hasta tocar el ataúd...
"Joven, yo te lo mando: levántate." El muerto se sentó y
se puso a hablar..."(187).
"... Niña, a tí te lo digo, levántate". Y ella se
levantó al instante y empezó a corretear" (188).
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LA
ULTIMA PALABRA NO ES LA MUERTE SINO LA VIDA...
Jesús es el cumplimiento de todas las promesas de Dios, es la buena
noticia para el hombre, todas las ataduras que nos limitan y oprimen
se han suprimido, podemos pues lograr realizar las eternas
aspiraciones humanas, el proyecto humano ya tiene una meta a la que
llegar. Jesús es la respuesta:
"Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos,
los sordos oyen, los muertos resucitan y se predica la buena nueva a
los pobres. "Feliz aquel que al encontrarme no se aleja
desilusionado" (189).
Esta es la señal que esperábamos, todo puede cambiar, la alienación
del hombre puede acabar, las nuevas estructuras no coinciden con las
actuales de pecado y muerte. En Jesucristo hemos recibido la
respuesta definitiva y el mensaje de Dios: la última palabra no es
la muerte, sino la vida. Ese es nuestro destino, el mismo que el de
Jesús. Lo que para él es presente, será para nosotros próximo
futuro:
"Porque Cristo resucitó de entre los muertos, y resucitó como
primicia de los que mueren" (190).
"A los que de antemano conoció, quiso que llegaran a ser como
su Hijo y semejantes a él, a fin de que él sea primogénito en
medio de muchos hermanos. Por eso, a los que eligió de antemano,
también los llama, y cuando los llama los hace justos, y después
de hacerlos justos, les dará la gloria "(191).
PARA
PEDRO, NUESTROS PRIMEROS PADRES TIENEN MUCHA CULPA.
Pedro Evaristo es un joven universitario, con inquietudes e
interrogantes: ... A muchos de nosotros nos han enseñado que los
verdaderos culpables de todo lo que nos pasa son nuestros primeros
padres, Adán y Eva. Aunque la culpa de este "superpecado"
original se borra con el bautismo, alguna de sus consecuencias las
tenemos que padecer siempre y están incrustadas en nuestra propia
naturaleza; entre otras se encuentran: la concupiscencia
desordenada, la enfermedad y la muerte. Lo llaman pecado original,
pecado hereditario y, aunque nosotros nada tenemos que ver con él,
se transmite siempre de generación en generación. Creo que la
justicia divina queda aquí un poco mal parada, pues nosotros no
podemos ser responsables de una acción que ni hemos cometido ni
hemos podido evitar. Además también he leído que también se
encuentra en franca decadencia la teoría "monogenista",
que nos habla de "una sola pareja" y está ganando terreno
la hipótesis "poligenista" y entonces la pregunta es más
amplia: ¿Cuál fue de entre las primeras parejas creadas, la que
pecó?. ¿Por qué tenemos nosotros que "pagar el pato"?
Muchas veces me dan ganas de gritar lo mismo que la mujer de Job
(192): "¿Todavía crees en Dios? Maldice a Dios y muérete".
No puedo comprender el porqué existen sufrimientos sin que, muchas
veces, haya culpables. Me es difícil amar una creación donde los
niños sufren y son torturados. Son para mí, las consecuencias del
pecado original, como el descrédito de la idea de Dios. Recuerdo
los versos que hace poco he leído de Manuel Alcántara: "No
digo que sí ni que no; digo que, si Dios existe, me debe una
explicación".

NOTAS
(176)
Rom 7,24.
(177)
Ap 21,4.
(178)
Mc 1,15.
(179)
Mt 4,17.
(180)
Lc 11,20.
(181)
Mt 8,16.
(182)
Mc 6,56.
(183)
Mt 8,26.
(184)
Mc 6,42-43.
(185)
Mc 2,5.
(186)
Jn 8,11.
(187)
Lc 7,11-17.
(188)
Mc 5, 41-43.
(189)
Mt 11,5-6.
(190)
1 Cor 15,20.
(191)
Rom 8,29-30.
(192)
Job 2,9.

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