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EL
PECADO ORIGINAL ES LA RAÍZ DE TODOS LOS PECADOS.
Santo Tomás dijo que la raíz de todos los pecados es el pecado
original. Es un pecado verdadero, con el que el hombre es una pura
ofensa para con Dios y para consigo mismo; es el origen de todo
pecado. Presenta dos aspectos: la falta de nuestros primeros padres
y nuestro nacimiento como "seres pecadores", consecuencia
de la "falta" de origen de la que toda la naturaleza
humana participa. Adán cuenta con una naturaleza
"sobrenatural", participa de la naturaleza divina. Ve a
Dios cara a cara y no a través de lo creado, como nos pasa a
nosotros. Vive en un estado de completa inocencia, el privilegio de
la gracia divina y además es completamente libre, habita en un
"paraíso" y no se ve amenazado ni por enfermedades ni por
la muerte. Ni Dios ni el Tentador son responsables en esencia de su
caída. Es verdad que la "serpiente" siembra la duda en el
corazón del hombre, le obliga a reflexionar sobre su relación con
Dios. Las palabras: "Seréis como dioses", son una tentación
para nuestros primeros padres... La tentación diabólica se dirige
a la libertad humana de decidir. Adán no se rebeló contra el poder
de Dios, como el ángel caído, sino, como nos ocurre ahora, el
primer pecado se cometió por el deseo se excelencia, de ser más.
Adán con este pecado rompe el "orden" establecido por el
Creador. El quebrantamiento de este orden divino es lo que nos
empuja al mal y lo que lo engendra.
ES
UN PECADO CONTRA NUESTRA NATURALEZA.
El pecado de Adán es un pecado "contra natura", contra el
orden divino. Por eso al examinar el pecado de Adán podemos decir
que "pecar" es hacer trampas, es oponer a la ley divina
nuestros deseos y cálculos egoístas y de miras interesadas. Pecar
es falsear alguna cosa en el orden del cosmos. Las consecuencias del
pecado original y sus huellas son la desnudez, la enfermedad, la
temporalidad, los sufrimientos y la muerte. La falta "en
acto" es algo personal de Adán. La falta en "estado del
ser", es común a todos nosotros. Nosotros recibimos de Adán
la naturaleza humana por generación, naturaleza que procede de ese
estado de pecado original, es la naturaleza que tenemos ahora todos
los hombres.
SOLO
PECA EL QUE ES LIBRE.
Adán
y Eva pecan es porque son libres, cometen ese acto con pleno
conocimiento de causa, anulan la relación con su Creador y hacen
valer su actitud egoísta. Es por tanto el egoísmo una consecuencia
de una acción libre del hombre. La naturaleza no es mala; solo son
malos las acciones y estados egoístas. El egoísmo es el vehículo
del mal creado por el hombre, por eso el pecado se debe a la persona
humana. El hombre, al tener conciencia de hallarse ante Dios, hace
que la falta humana se convierta en pecado. Con el pecado original
el hombre pierde su propio equilibrio y hace que las acciones sigan
su tendencia natural de destrucción (202): "¡Infeliz de mí!
¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" El hombre, con
el pecado, cambió sus tres relaciones esenciales: Respecto a Dios,
pasó a ser un rebelde, respecto a sus hermanos los hombres, pasó a
ser un exclavizador, respecto al mundo, pasó a ser un esclavo.
EL
HOMBRE SIN DIOS ES UN HOMBRE SIN ESPERANZA.
En un estado de culpabilidad sin Dios, característico del hombre
moderno, el pecado original no es aceptado. La reflexión
(conciencia) de la falta carece de lazo de unión entre el hombre
que ha cometido la falta y el "yo" que se responsabiliza
"ante Dios". El hombre sin Dios será siempre un hombre
sin esperanza pues se ha separado de su misión creacional y se
priva del Bien para el que fue creado, el Bien llamado Dios. El
pecado original sólo podrá ser borrado por Dios. Cristo viene a
este mundo a borrar esa "diferencia de ser" que existe
entre el hombre y Dios. Jesús no es un "chivo expiatorio"
típico de las sociedades primitivas, sino que es la
"Persona" que, hombre y Dios a la vez, asume, como
Mediador, el pecado que se interpone entre el hombre y su Creador.
Santo Tomás, designa a este egoísmo, resultado del pecado
original, con el hambre de deseo o concupiscencia. El pecado
original es la raíz de todos los demás pecados y es la
concupiscencia, la naturaleza egoísta, la que está en la mala acción.
El pecador olvida su relación con Dios, se rebela contra esa relación
y se ama solo a sí mismo. Las obras de la concupiscencia no tienen
límite, el amor a sí mismo nunca se sacia, nada ni nadie lo
satisface plenamente. La concupiscencia, señal del egoísmo de la
raza humana, culpable ante Dios, es en sí misma un "defecto
humano" muy difícil de remediar.
UN
EL BAUTISMO CICATRIZA LA HERIDA.
Pero la concupiscencia no es una enfermedad incurable, un estado
desesperado, ni absurdo de la naturaleza. El bautismo puede curar
esa herida, en realidad la cicatriza, pero el mandamiento para que
"el ser" retorne a la salvación y abandone su egoísmo lo
podemos encontrar en Lucas(203): "Si alguno quiere seguirme que
se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me
siga". En efecto, el que quiera salvar su vida la perderá,
pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará. Pues ¿de qué
le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se
perjudica a sí mismo? Al decir "que se niegue a sí
mismo", Jesús hace una llamada a todos los ricos y también a
todos los pobres de la tierra, se dirige al origen de todo pecado,
al egoísmo, que es el motivo de la condenación del
"ser". Es el renunciar a sí mismo, es "perder la
vida", vida asentada en el egoísmo ácido en el pecado
original y que se encuentra alejado de Dios. El que sigue a Cristo
renuncia a esa vida egoísta y se dirige hacia el amor del Padre de
la mano del Hijo y es capaz de sentir con intensidad el "amor a
sí mismo" y el amor "al prójimo" se aleja de un
falso dios y se dirige hacia el Dios verdadero.
- Egoísmo, siempre egoísmo: Santo Tomás descubre tres clases de
concupiscencia: la de la carne, la de los ojos y la del orgullo de sí
mismo. El egoísmo se manifiesta con el deseo, con el amor
desordenado de todo aquello que pueda aumentar el bien carnal,
material o del alma humana. El orgullo, la vanagloria, la repulsión
de lo espiritual, la envidia y la ira son manifestaciones del amor
desordenado de "sí mismo", consecuencia del orgullo. La
avaricia es la concupiscencia de los ojos, mientras que la gula y la
lujuria son la expresión del egoísmo carnal.
MI
VECINO JULIAN, ES UNA VICTIMA INOCENTE...
...para mí, el mal es una realidad que está completamente
arraigada en el espíritu humano. Antes de que cometa una falta,
antes de que decida ser "malo", el mal parece que me
rodea, me estrecha entre sus brazos, como un tentador deseoso de
apoderarse de mis pensamientos y de mis sentidos; en ese momento,
puedo considerarme como víctima inocente de ese "peligro
exterior" que me asalta y me domina (Julián ).
¡Ojo, Julián! Tú eres libre para hacer lo que quieras...
Querido amigo Julián, esa idea que tienes sobre el mal que te
asalta es muy vieja: nació en el mismo momento que el primer hombre
abrió los ojos a la vida. Todo lo que sea factible de constituir un
obstáculo, lo mismo sea un ser animado como algo inanimado, puede
convertirse en "el malo". El mal se nos manifiesta siempre
como "algo o alguien" que existe realmente y su misión es
"tentar" al hombre, para empujarlo a las malas acciones.
Es muchas veces la escusa que nos sirve de escudo cuando cometemos
una falta o un pecado: "La culpable es la serpiente, que me ha
engañado" (204). La acción "mala" por naturaleza,
parece que siempre viene "de fuera", el principio del
pecado lo situamos en el exterior: Yo no quería, me han obligado,
me han empujado a ello. ¿Y quién te ha empujado? Ha sido fulano o
bien un mal invisible: mi ideología, el medio social, las
costumbres, mi militancia en el partido, mi promesa, el deber de mi
estado. Como casi siempre, la "excusa" me viene de fuera,
yo no tengo nada que ver, no soy del todo responsable, soy el vehículo,
a veces involuntario, del mal. El mal entonces toma un nombre, es un
"ser" malo y malvado: Satanás (205). Adán y Eva, la
primera pareja, al realizar el primer pecado, al oponerse al
"bien", sabían de sobra que su acción era libre y
voluntaria, era una decisión meditada y firme. A pesar de su reacción,
al atribuir, al igual que tú, Julián, la culpa de todo a la
tentación satánica, sabían perfectamente que Dios era el único
"Señor" y que ellos eran los únicos responsables de sus
decisiones.
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ALBERTO
ES UN JOVEN QUE LEE BASTANTE.
...yo tengo entendido, por lo menos así me lo han explicado, que
Dios creó nueve coros de ángeles: serafines, querubines, tronos,
dominaciones, principados, virtudes, potestades, arcángeles y ángeles.
Aunque todos eran puros, no obstante, algunos se dejaron tentar por
la soberbia y se creyeron tan grandes como Dios. Gran número de
ellos se rebelaron contra Dios y a la cabeza de todos, se puso el más
grande y perfecto de todos los seres creados, Satanás, el primero
de los Serafines, que quiso reinar en una mitad del cielo. Dios mandó
contra Satanás un ejército de ángeles fieles y a la cabeza de
ellos al arcángel Miguel, quien derrotó a los infieles y los
encerró en un mundo desconocido, al que llamamos infierno.

Algunos
opinan que este infierno se encuentra en el centro de la Tierra.
Muchos rabinos judíos de renombre, San Atanasio y también algunos
padres de la Iglesia decían que los demonios habitan y pueblan el
aire. San Próspero sin embargo afirmaba que viven en las nieblas
marinas. San Patricio los vio en una cueva de Irlanda. Milton, el
poeta, los hace vivir muy lejos de la tierra. Viva donde sea, lo
cierto es que Satanás y los suyos, enemigos de todo lo relacionado
con Dios y sus obras, decidieron que el proyecto de Dios para los
hombres no se realizara. Satanás salió del Averno, tomó la figura
de serpiente, animal astuto y mañoso, y sedujo a Eva quien a su vez
lo hizo con Adán. El espíritu maligno había cumplido su propósito
y los hombres fueron expulsados del Paraíso y condenados al
sufrimiento y a la muerte. Siempre que quiere, Satanás y los
demonios, vuelven a la tierra para tentarnos y procurar que seamos
presa, al igual que ellos, del infierno, país de las llamas y del
sufrimiento. Esto que te escribo es lo que la mayoría de la gente
cree, es lo que nos han explicado en el colegio y lo que hemos leído
y oído. Y si esto no es así, por qué todavía existen los
exorcismos e incluso hay un libro oficial con los mismos (El Ritual
Romano del Exorcismo). Te copio algunas frases de un exorcismo
oficial, te ruego, si te parece oportuno, me escribas y me cuentes
alguna cosa de "esta pasada" de Satanás, los demonios y
los espíritus malignos. Cuando leo una cosa así, no se si "acojonarme"
o "descojonarme", perdona estas expresiones, pero necesito
decírtelas para contrarrestar tanto vocabulario simplón y
trasnochado (Alberto).
NOTAS
(195) Jn
1,4.
(196) Jn
1,29.
(197) Jn
1,5; 3,19.
(198) Jn
1,32ss.
(199) Mt
13,19.
(200) Jn
8,44.
(201) Jn
12,31.
(202) Rom
7,24.
(203) Lc
23,25.
(204) Gn
3,13.
(205)
Satanás o Satán: Palabra hebrea, cuyo significado es
"adversario" o "contrincante
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