Para los amigos de la Parroquia Virtual                                                                                               El poder del dinero es un "diablo"...

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EXORCISMO QUE ME ENVÍA ALBERTO:

Te conjuro, serpiente antigua, por el Juez de los vivos y los muertos, por tu Hacedor, por el Hacedor del mundo...
que te alejes rápidamente de este siervo de Dios...
Te conjuro...
para que salgas de este siervo de Dios (nombre del poseído)...
Ríndete, pues, ríndete...
Tiembla ante el brazo de quien, superados los gemidos del infierno, condujo las almas a la luz.
No te resistas ni te demores a abandonar a este hombre...
Te lo manda Dios...
Sal, por tanto, trasgresor.
Sal, seductor, perseguidor del inocente.
Deja lugar, cruelísimo, impiísimo, deja lugar a Cristo.
¿Por qué te resistes tan brutalmente?
Eres reo ante el género humano a quien suministraste el veneno de la muerte con tus incitaciones...
Te conjuro, pues, maldecido dragón, en el nombre del Cordero...
Tiembla y huye ante la invocación del nombre del Señor, ante quien tiemblan los infiernos y al que están sujetas todas las virtudes de los cielos, las potestades, las dominaciones, a quien los serafines y querubines alaban sin cesar...
Te manda Jesús el Nazareno... quien te mandó salir, humillado y maltrecho, del hombre en cuya presencia ni siquiera te atrevías a entrar en la piara de cerdos...
Retírate, pues, ahora...
Dura cosa es para ti querer resistir...
Dura cosa es para ti cocear contra el aguijón.
Cuanto más tardes en salir, tanto mayor será tu suplicio...
Aquel que reina sobre vivos y muertos, el cual vendrá con su gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, y al siglo por medio del fuego.
Amen.
(Alberto)  

Notas

206) 1 Cor 13,11.
(207) 1 Sm 29,4.
(208) 1 Re 11,23.25.
(209) Nm 22,22.
(210) Sal 109,6.
(211) Job 1,6-9.
(212) Zac 3,1s.
(213) 1 Mac 1,36.
(214) Sab 2,24.
(216) Mc 8,33.
(217) Entre otras veamos algunos pasajes:
- Mc 1,24: El poseído de la Sinagoga, al llamarle “el consagrado de Dios” le tienta para que sea el “líder” popular.
- Mc 1,34: Los endemoniados de Cafarnaún también sabían “quien era”.
- Mc 1,37: “Todo el mundo te busca”, entusiasmo popular.
- Mc 3,11: Las masas judías y paganas que le rinden homenaje y le llaman “Hijo de Dios”.

(219) Mc 4,15.  

(220) Mt 4,8-10.

(221) Mt 13.28.39.

(222) Mt 25,41.

(223) Lc 4,5-8.

(224) Lc 13,10ss.

(225) Jn 2,16.

(226) Jn 8,44.

(227) Jn 7,7.

ALBERTO, ¡YA NO SOMOS NIÑOS...!

Estimado amigo Alberto, lo que dices es muy cierto, nos han explicado tantas historias, la mayoría de ellas de buena fe, que no sabemos ya lo hay de cierto o lo que es puro cuento. Ya no somos niños, ha llegado el momento de "dejar a un lado las cosas de niño" (206). Vamos a ver qué es lo que dice la Biblia sobre Satanás y los espíritus malignos. En el Antiguo Testamento, el término "Satanás" se usa normalmente para hombres: David es un "Satán" o adversario para los filisteos (207). El rey de Siria Rezón es un "Satán" para Salomón (208). También es un "Satán" el ángel del Señor que interceptó el camino de Balaam (209). El fiscal acusador de un juicio también puede ser un "Satán" (210). En el libro de Job aparece por vez primera "Satán" como un ser celeste cuyo trabajo es el de ser fiscal de la corte celestial (211). En la cuarta visión de Zacarías también puede verse la actuación de ese ángel fiscal (212). En el primer libro de los Macabeos, los "diábolos" son judíos renegados (213) y en el libro de la Sabiduría es cuando toma ya la palabra "diablo" un sentido más actual de agente de maldad: "la muerte entró en el mundo por envidia del diablo" (214). Por tanto, Antonio, el término "Satanás", como puedes apreciar, se aplicaba a los adversarios (hombres); luego a una especie de fiscal celeste, que acusa a los hombres y más tarde se denomina con ese nombre a un espíritu que quiere destruir la obra de Dios procurando la ruina del hombre.  

          

 ¿QUE PIENSAN LOS EVANGELISTAS DE "SATANÁS" O DEL "DIABLO"?.

- Para Marcos, Satanás no es un ser real sino una ideología...
La figura de "Satanás" representa en este Evangelio a un "agente" que tiene como misión principal la de "tentar" a Jesús e inducirle a traicionar su compromiso. "Satanás" no es un ser real, es una figura simbólica; Marcos ha aprovechado la idea tradicional del "Adversario" del hombre y le da un nuevo significado. En Marcos, Satanás representa la ideología de poder. El poder es un "Satán" que tienta a los hombres, que nos excita continuamente para conseguir superioridad y dominio sobre los demás. En el "desierto" (215) la "tentación de poder" intenta disuadir a Jesús de su proyecto de entrega total; entrega que ponía su vida en grave peligro; tentación que le "induce" a adoptar un mesianismo de violencia, derribando al poder político. Pero Jesús no cae en esa tentación, a Pedro le llama "Satanás" (216) por oponerse al destino que, del Hijo del Hombre, él ha anunciado y que forzosamente conduce al rechazo y a la muerte. Continuamente se le presentan a Jesús propuestas y tentaciones de poder (217) que tiene que evitar. Jesús no utiliza el nombre de "Belcebú" (218), que podía dar ocasión para la creencia en un "ser maligno", sino que utiliza el término "Satanás" para personificar al "poder" como enemigo del hombre. Para Marcos, todo el que tenga ambición de poder, es un agente de Satanás. El "agente del poder" nunca liberará al hombre de la violencia que lo posee. Todos sabemos que un hombre "libre" es peligroso para el poder, puede pensar y escoger la opción que le interese. Lo que más interesa al poder, no es el liberar a los poseídos y fanáticos, sino ganarlos para su causa. Es precisamente esta ideología de "figurar", de "prestigio", de ambición "poder" la que consigue que el hombre no pueda escuchar el "mensaje" de Jesús. Son los que "están junto al camino" (219), en ellos "se siembra" el mensaje, pero en cuanto lo "escuchan", viene Satanás y les quita ese mensaje.  

 PARA MATEO, SATANAS ES LA FIGURA DEL PODER...

En la tercera tentación de Mateo (220) vemos que "Satanás" es claramente la figura del "poder"; si Jesús rinde homenaje a este poder (Satanás), tendrá el dominio del mundo. El poder se hace el valor supremo y pide un homenaje total y sin reservas, incluso se diviniza y ocupa el lugar que corresponde a Dios, por eso "lo llevó a un monte altísimo", lugar de culto divino, para tentarlo. Para Mateo, todo aquel que proponga una ideología de poder es un "diablo", que siembra la cizaña en medio del trigo (221). El lugar del diablo tampoco es para Mateo el infierno; es el "fuego inextinguible", o sea la destrucción lo que está preparado para él y sus ángeles (222).

 PARA LUCAS, SATANÁS PUEDE SER LAS NORMAS QUE IMPIDEN EL DESARROLLO HUMANO...

En la segunda tentación (223) es donde se identifica a Satanás con el poder. En el episodio de la mujer enferma de la sinagoga (224), el espíritu inmundo que produce la enfermedad es el "influjo" que ejerce "el poder religioso" sobre el pueblo, influjo que se exterioriza en el precepto del "sábado". El precepto es el "Satanás", es el que prohíbe hacer bien al hombre, curarle el día de precepto. El pueblo cree en la legitimidad de esa norma y en la institución que la impone, es el "Satanás" que siempre ha impedido al pueblo su desarrollo humano.  

Notas

(215) En Marcos, Mateo y Lucas el desierto es el lugar de la llamada de Juan Bautista y donde Jesús pasa 40 días y es tentado por Satanás. Es el desierto de Judea (Mt 3,1), que se encuentra más allá del Jordán (Lc 3,3). El desierto es figura simbólica de la vida pública de Jesús, desde su bautismo hasta su muerte, una vida de aislamiento e incomprensión que se contrapone con los valores de la sociedad judía.
(218) Los letrados acusaban a Jesús de que expulsaba los demonios porque tenía dentro a “Belcebú”, que era el jefe de los demonios. Belcebú era un nombre 
popular, supersticioso y despectivo, con el que se conocía al diablo (2Re 1,2.3.16). Era un espíritu maligno adversario del hombre.Jesús “expulsa a los demonios”, o lo que es lo mismo, consigue que los fanáticos de una ideología de poder (endemoniados, partidarios de esa ideología satánica) renuncien a ella. Los letrados, que odian a Jesús, afirman que lo hace porque él también tiene dentro esa ideología de poder y es otro agente de Satanás. Pero la respuesta de Jesús es clara: Si el poder se combate a sí mismo y suprime su ideología, el poder está perdido. Si los agentes de Satanás liberasen a los hombres del deseo de poder, él mismo sería el causante de su propia ruina.

  

   

PARA JUAN, SATANÁS ES EL PODER DEL DINERO...

Para Juan, el templo es "una casa de negocios" (225), el dios falso, el "Satanás" o "diablo" es el poder del dinero y la ambición de riquezas, es este "demonio" el verdadero enemigo del hombre. El poder del dinero es embustero y homicida, es el agente principal del embuste y de la muerte. Es el "padre" de la mentira (226); la ambición y el culto al dinero originan un primer círculo de poder (los dirigentes) y una ideología (la mentira). Es el "Satanás" que produce la oscuridad en que viven los miserables carentes de generosidad, los tacaños, de los que al carecer de amor son incapaces de compartir nada. El poder del dinero es un "diablo" que pretende extinguir la luz de la "vida"; representa la "antiverdad", una doctrina contraria al designio creador de Dios, su principal efecto sobre el hombre es la ceguera que le produce, le impide ver el amor de Dios y su propio horizonte humano. El principal enemigo del hombre es para Juan "el poder del dinero", este "Enemigo" es el inspirador del "modo perverso de obrar" propio de nuestro mundo (227). Para Juan, lo mismo que para el resto de los evangelistas, los "espíritus inmundos", los "demonios", los "diablos", "Satanás", se conciben como principios activos, como fuerzas que proceden del exterior del hombre; si el hombre acepta su influjo, estas fuerzas o principios actúan entonces desde su interior. Son dos los principios contrapuestos en el hombre: el "Espíritu Santo", que nos consagra y nos introduce en la esfera de lo divino, y el "espíritu impuro", que hace al hombre incompatible con Dios. Cuando un hombre está "poseído por un diablo", significa que ha asimilado y aceptado la ideología diabólica (ambición de riquezas y poder) y la ha hecho suya. El espíritu inmundo es pues la identificación del hombre con esa ideología que lo domina y lo despersonaliza. No habla ya el propio hombre, sino la ideología que profesa. No es, pues, ese espíritu impuro, un ser exterior, invisible y maligno que se introduce en el hombre y que lo posee, sino un "factor alienante", procedente del exterior, que se introduce en el hombre (al ser aceptado) y le impide ser él mismo.