
Y
TAN ALTA VIDA ESPERO
Señor, no me olvidaste,
que me has dado el dolor y la agonía,
La sal del llanto baste,
que por lo menos mía
es esta pena que deshoja el día.
Mi pequeña sonrisa,
¡qué falso sazonar mi pan moreno!
Hay que mascar sin prisa
y hay que engullir sereno
este dolor de soledad y cieno.
Mía es la pena, cierto,
la mano de la angustia allá en mi mente
moldea el goce muerto
tan sosegadamente
que hasta el dolor en ser dolor consiente.
Pastor, pasto del cielo,
fuente y río de vida, mar sabroso,
en regalado vuelo,
en vuelo presuroso
que me anegues persigo
en
tu reposo
Este sorbo de arena,
este buche de mar que me alimenta,
esta segura pena,
esta llaga incruenta
me dan la vida al dar de que me sienta
Señor, ya me has vencido,
y no ha sido, Señor, esta hermosura
del aire florecido
coronado de arcángeles la altura
y de lirios y rosas la llanura.
La fuente sosegada
de mi sangre dolida que se vierte
te busca enamorada.
Tu dolor me ha vencido y esta muerte
que te mata y en vida te convierte.
(Celia Viñas)
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