Los
representantes del poder religioso-político judío se encuentran desconcertados
ante la obra de Jesús, que derriba los presupuestos teológicos de su sistema.
La reacción es típica: después del impacto inicial, que produce una vacilación,
se conciertan para neutralizar el hecho. En primer lugar, pretenden negar su
existencia, considerándolo un fraude. En vista de lo inútil de la empresa,
recurren a la autoridad doctrinal que se arrogan, para definir que lo que el
hombre experimenta como bien y como vida es contrario a lo que Dios quiere, y
que, por tanto, no debe considerarse un beneficio ni a su autor como un enviado
de Dios.
Aferrados
a su ideología niegan la evidencia e invierten los valores, llamando al bien
mal y al mal bien, a la tiniebla luz y a la luz tiniebla. Detrás de esa ideología
se encuentra su posición de privilegio y de dominio, que defienden a toda
costa, aun oponiéndose a los hechos. Para todo tiene argumentos su teología,
fundada sobre el concepto de un Dios que, entre el bien del hombre y la
observancia de su Ley, opta por esta última.
Ante
el fracaso de la coacción moral, recurren a la violencia, último argumento,
que muestra, al mismo tiempo, su irracionalidad y su mala voluntad. Pretendiendo
poseer la luz, se ciegan ellos mismos y buscan cegar a los demás.
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Jn
9,13-34:
Verificación
del hecho e interpretación de los dirigentes 13
Llevaron a los fariseos al que había sido ciego. 14
El día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos era descanso de
precepto. 15
Los fariseos, a su vez, le preguntaron también cómo había llegado a
ver. El les respondió: -Me
puso barro en los ojos, me lavé y veo. 16
Algunos de los fariseos comentaban: -Ese
hombre no viene de parte de Dios, porque no guarda el día de descanso. Otros,
en cambio, decían: -¿Cómo
puede un hombre, siendo pecador, realizar semejantes señales? Y
estaban divididos. 17
Le preguntaron otra vez al ciego: -A
ti te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él? El
respondió: -Es
un profeta. 18 Los dirigentes judíos no creyeron que aquél había sido ciego y había llegado a ver hasta que no llamaron a los padres del que había conseguido la vista 19
y les preguntaron: -¿Es
éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es
que ahora ve? 20
Respondieron sus padres. -Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. 21
Ahora bien, cómo es que ve ahora, no lo sabemos, y quién le ha abierto
los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, ya es mayor
de edad; él dará razón de sí mismo. 22 Sus padres respondieron así por miedo a los dirigentes judíos, porque los dirigentes tenían ya convenido que fuera excluido de la sinagoga quien lo reconociese por Mesías. 23
Por eso dijeron sus padres: « Ya es mayor de edad, interrogadlo a él». 24
Llamaron entonces por segunda vez al hombre que había sido ciego y le
dijeron: -Reconócelo
tú ante Dios. A nosotros nos consta que ese hombre es un pecador. 25
Replicó entonces él: -Si
es pecador o no, no lo sé; una cosa sé, que yo era ciego y ahora veo. 26
Insistieron: -¿Qué
te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27
Les replicó: -Ya
os lo he dicho y no me habéis hecho caso. ¿Para qué queréis oírlo
otra vez? ¿Es que queréis haceros discípulos suyos también vosotros? 28
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: -Discípulo de ése lo serás tú, nosotros somos discípulos de Moisés. 29
A nosotros nos consta que a Moisés le estuvo hablando Dios; ése, en
cambio, no sabemos de dónde procede. 30
Les replicó el hombre: -Pues eso es lo raro, que vosotros no sepáis de dónde procede, cuando me ha abierto los ojos. 31
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que al que lo respeta y
realiza su designio a ése lo escucha. 32
Jamás se ha oído decir que nadie haya abierto los ojos a uno que nació
ciego; 33
si éste no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada. 34
Le replicaron: -Empecatado
naciste tú de arriba abajo, ¡y vas tú a darnos lecciones a nosotros! Y
lo echaron fuera. |
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CONTENIDO Y DIVISIÓN
La
perícopa puede dividirse así:
9,18-23:
Intento de negar el hecho. Interrogatorio de los padres. 9,24-34:
Conato de separar de Jesús al ciego curado.
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