El amor activo: vía de la realización personal.

Como puede verse, para constituir al individuo humano no basta la integridad física: no es hombre completo mientras no oriente su vida optando por el amor activo en favor de los otros, mientras no tenga una actitud y actividad positivas respecto a los demás, sin distinciones o exclusiones ( Mt 5,7-9). Hasta que no haga esa opción, por muchas cualidades que tenga, estará inacabado como persona.

Cuando los evangelistas señalan que es el amor activo la vía de la realización humana, entran en polémica con otras maneras de concebirla. Según ellos, el hombre no se realiza por la posesión de riquezas ni por ejercer el dominio respecto de otros. Tampoco por el aislamiento ni por la mera práctica ascética o la mera contemplación, ni por acumular un saber que sólo redunda en cultivo de la persona o en su prestigio, desentendiéndose del bien de sus semejantes. Ni siquiera se realiza por una actividad que excluya el sentido de solidaridad con los otros seres humanos y el deseo de mejorar su suerte.

Es decir, no hay realización individual si se prescinde de la dimensión social. Esta vinculación corresponde a la doble dimensión del ser humano: personal y comunitaria.