|
En Jesús, Dios se
manifiesta por entero.
| El
don del Espíritu no se restringe a los que prestan
adhesión a Jesús: todo el que orienta su vida hacia el
amor a la humanidad recibe el Espíritu, pues con ello
se pone en sintonía con Dios y puede llamarse
hijo suyo. Hay, sin embargo, una diferencia entre este
hombre y el que conoce a Jesús y le da su adhesión. El
primero está capacitado para crecer como persona, pero,
al no tener modelo, no conoce la meta, la plenitud
humana que se muestra en Jesús, ni lo que Dios es capaz
de realizar con el hombre; no sospecha, por tanto, cuáles
son sus propias posibilidades; aun sin saberlo, está
cercano a Dios, pero no conoce su rostro. En Jesús, en
quien Dios se manifiesta por entero, el ser humano
encuentra el modelo de plenitud, la línea de actividad,
el significado pleno del amor-vida; y, a través de él,
la comunidad fraterna de vida y de trabajo, el camino
hacia la consumación individual y social.
| |