De cualquier corazón bien-nacido...
Nadie hay tan pobre que no tenga la oportunidad de darnos algo. Hasta el más mísero de los mortales nos puede dar algo tan valioso como la ocasión de ayudarle, la oportunidad de estimular nuestra generosidad y vencer el egoísmo. El valor de una persona no se mide por la cantidad de lo que da, sino por la alegría y generosidad que manifiesta en sus detalles. La generosidad, pues, no es monopolio de los que tienen, de los ricos, sino patrimonio universal de cualquier corazón bien-nacido: Una sonrisa en la incomprensión, una mano tendida en la dificultad, una palabra de cariño en el dolor, una presencia oportuna en la soledad, un trozo de pan compartido en la escasez,... son las formas concretas de un amor que construye a la persona y a la humanidad. Todos tenemos un corazón capaz de generar amor y comprensión a raudales, sean cuales fuesen nuestras capacidades intelectuales o nuestro nivel económico y cultural.