La felicidad en la comunidad cristiana.
La verdadera comunidad cristiana se caracteriza por la solidaridad activa: “Dichosos los que prestan ayuda”, la sinceridad de conducta que nace de la ausencia de ambición : “Dichosos los limpios de corazón” y la tarea de procurar la felicidad de los hombres : “Dichosos los que trabajan por la paz”. Los que actúan de esta manera experimentan la “solidaridad” de Dios con ellos (porque ésos recibirán ayuda); la presencia inmediata y continua de Dios en su vida (porque esos verán a Dios) y tendrán experiencia de Dios como Padre y lo harán presente en el mundo (porque Dios los llamará hijos suyos).

La sociedad injusta ofrece una felicidad basada en la riqueza, el rango social y el dominio sobre los demás, pero Jesús nos muestra una sociedad justa que permita el pleno desarrollo humano, a la felicidad en el egoísmo y el triunfo personal, la alternativa de Jesús es el amor y la entrega. Mientras la primera va creando la “felicidad” de unos pocos a costa de la infelicidad de muchos, la segunda procura eliminar toda opresión y marginación, procurando la solidaridad, la fraternidad y la libertad de todos. Dios es incompatible con la opresión, el sometimiento y la injusticia.