Si no se desbloquean temas como éstos con un tratamiento a la vez
riguroso y asequible, como lo hacen los autores, el creyente queda precisamente
bloqueado en talas dificultades. Su fe no se hace libre hacia adentro
y creadora hacia afuera. Por su parte, al indiferente, o al que
piensa que no le es licito creer, le encierran en un bloqueo semejante:
sus prejuicios le impiden una aproximación verídica al mundo de la
fe. En ambos casos, el Dios de Jesucristo, desideologizado de toda
función alienante, puede ser un buen lagar de encuentro donde uno y
otro pueden confluir. |