A no dudarlo, se trata del imaginero más fecundo de la Semana Santa, no ya del sigol XX, sino de todos los tiempos. Nació el 27 de febrero de 1882 en la calle Antonio Susillo del sevillano barrio de la Feria, morirá en la ciudad de Giralda el 29 de noviembre de 1967, tras una vida entera dedicada al trabajo. Discípulo de Antonio Susillo, continuaría su aprendizaje en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artisticos. En 1915 fue pensionado por la Diputación hispalense para perfeccionar sus estudios en el extranjero, no pudiendo llegar a Roma a consecuencia del desarrollo de la I Gerra Mundíal; por contra, permaneció en París una larga temporada recorriendo sus pinacotecas y monumentos, ampliando sus conocimientos en Madrid, tras su regreso a España.

En la primera etapa, desarrollada en el taller de la calle Antonio Susillo, se consagra a una intensa y celebrada labor que abarca todos los géneros y técnicas, aún incidiendo en los bajo relieves y obras de pequeño formato en barro cocido y policromado, con una poética que combina sabiamente historicismo y modernismo.

En la segunda etapa transcurrida en su taller de la calle San Vicente se consagrará casi en exclusiva a la imaginería procesional; las circunstancias históricas que le tocó vivir, y el plegarse al gusto imperante de la clientela, le abocarían a un "amaneramiento" de sus propias formas artísticas, que ha despertado de manera pareja la crítica y la comprensión por parte de quienes se han ocupado de su figura. Castillo Lastrucci resucitará el sistema de trabajo en un gran taller concebido como una pequeña fábrica en la que laboran, tallistas, carpinteros, sacadores de puntos, doradores, etc. Entre sus numerosos discípulos sobresalen nombres como los de Antonio Illanes, Rafael Barbero o Ricardo Comas.

Sus dos grandes aportaciones en el campo de la imaginería procesional serán las siguientes:

1. Las composiciones de los pasos de misterio enmarcándolos en escenarios de aspectos teatrales. Introduce elementos ambientales tomados de la naturaleza -olivo, palmeras-, así como otros artificiales que contribuyen a la puesta en escena -mobiliario, antorcha-. Crea autenticos tipos iconográficos como el soldado romano, el sayón judio o el esclavo negro. Sus personajes adoptan aptitudes discursivas y declaratorias. Abandona la línea compositiva en diagonal de los misterios barrocos, así como las filas paralelas de raigambre neoclásica. Su conjunto de figuras pretende integrarse con el pueblo que las contempla. Incide en el conocido recurso de la bondad natural con la belleza física, y viceversa, la fealdad con la maldad.

2. Crea la denominada Dolorosa "Castiza", que refleja en su rostro las facciones de las bellas jóvenes sevillanas de carnaciones morenas y profundos ojos negros. Como un grafismo característicos advertido por Manuel Tobaja, colocará perfectamente en sus mejillas cinco lágrimas de cristal y tallara un solo diente en el centro de la encía superior, en vez de las dos lógicas paletas.