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hace unos días me hablaron de
este término, del sentido donosti, de la sencillez o la belleza
de algunas cosas, en sentido donosti. de encontrar algo distinto
en la monotonía, la nostalgia o la fragilidad. de andar por
la calle como si fuera la playa de la concha y de hablar de
ayer como si fuera un cuento. de preferir las margaritas a las
rosas o de sentirse distinto a los demás no porque te pasen
cosas distintas, sino por el tratamiento que le das a esas mismas
cosas que le pasan a todos.
porque donosti no solo ha sido la cuna del pop más
delicado que se ha hecho en nuestro país en los últimos 20
años, sino que tiene también al diseñador más carismático
de la escena independiente española, la marca de ropa que
mejor ha entendido el concepto de estética de un colectivo
que miraba demasiado hacia afuera y, de un tiempo a esta parte,
a uno de los pocos equipos que hacen del fútbol un arte en
españa, con xabi alonso, el jugador español que mejor trata
al balón actualmente. donosti se ha convertido en una ciudad
que tiene muchas de las cosas que yo considero bellas, en
el sentido en que yo entiendo la belleza.
pero en el terreno estrictamente
musical es evidente que la marca inconfundible de la ciudad
es el 'donosti sound', una forma de entender el pop que, aunque
en versión de remake basto americano, se ha llegado incluso
a convertir en fenómeno masivo con las canciones de la oreja
de van gogh. un estilo que tiene casi más detractores
que adeptos, que tachan las canciones de bandas como le mans,
la buena vida o family de blandas, cursis y superficiales.
pero que, al igual que hay gente que pasando de la treintena
siguen diciendo que su libro favorito es el principito o que
desearían volver a ver al signor rossi o el planeta
imaginario, para algunos, es más importante una canción
de cualquiera de estos grupos que todos los nuevos cantantes
de operación triunfo o verdadero sentimiento del metal.
porque hay gente que no saben distinguir sensibilidad y sensiblería,
o no quieren o no se atreven, que viene a ser lo mismo.
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