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tanned tin 2007, por Nacho Muro

 

 

 

Pasados los meses del agobiante estío toca centrarse de nuevo en la rutina diaria, en que la playa ya no está ahí para bañarse, en la carrera o en el trabajo, en que faltan otros once meses para tener vacaciones, en que al sol le costará volver y en que la época de los festivales ya ha terminado... ¿ah sí?

Pues no, en realidad no. Una de las cosas buenas que nos deja el otoño es el TANNED TIN, que desde hace ya ocho años ameniza la espera hasta las fatídicas Navidades a ritmo del pop menos accesible, de los sonidos menos convencionales, de esos grupos de los que sabes que dentro de nada todo el mundo hablará, de la preferencia por las bandas venidas de América, cuanto más profunda, mejor y de nuevos valores de diferentes países europeos así como de las propuestas musicales más arriesgadas de nuestra geografía y en general de una abrumadora capacidad para sorprender que año tras año va en aumento y que es un valor en alza para un festival que nunca ha pretendido perder la etiqueta de modesto.

Y no por no dejar de ser modesto un festival no puede ser grande, todo lo contrario. El Tanned Tin pone cada año sus cartas sobre la mesa para atraer a un público ávido de nuevas sensaciones, que tiene presente que el folk más puro y el metal más extremo pueden ¿por qué no? compartir un mismo escenario.

Castellón se llena por unos días (lo de decir un fin de semana ya no tiene sentido alguno) de referentes mundiales en el panorama de la música independiente, de actuaciones de esas que dejan con la boca abierta, de esas que te han gustado tanto que desearías que el grupo en cuestión no tocara más para tenerlos siempre en el recuerdo, de conciertos imposibles que sabes que será difícil volver a disfrutar de la misma manera...

El festival en cuestión no podría ser lo mismo sin las manos en constante movimiento de ese demiurgo que es Jesús Llorente y que gracias a su avezada dosis de cazatalentos ha conseguido poner en el mapa a un festival que no está destinado a la fiesta masiva, que no tiene carpas de electrónica, que reivindica el formato reducido de los grupos, que da lecciones de selección musical y en definitiva, y esa es la columna sobre la que se sustenta todo todo, que arriesga como ninguno.

 

(Un pasado: lo que el Tanned Tin ha dado de sí)

Lo que el Tanned Tin ha dado de sí hasta la fecha en sus ocho anteriores ediciones es para quitar el hipo. Sus distintos escenarios han visto pasar por sus tablas a nombres que han supuesto una parte importante de la música independiente del planeta.

Por aquí han pasado nombres importantes, ya sean propios (Mark Eitzel, Thalia Zedek, Lou Barlow, Tara Jane O’Neil, Darren Hayman, Greg Weeks, Howe Gelb...) o de grupos míticos de los 90 y de los 00 (Labradford, Gallon Drunk, Piano Magic, The New Year, Hella, Montgolfier Brothers, L’Altra, Hood...) por no hablar de la mejor remesa de la escena reciente de la música independiente de nuestro país (Nacho Vegas, Manta Ray, Sr. Chinarro, 12Twelve, Polar, Schwarz, Mastretta, Jr., Nosoträsh, Viva las Vegas, Anari...).
Todo empezó en el año 99, un siglo a punto de acabar y en el horizonte la bonita ciudad de Santander, lugar idóneo del que bien se podía crear un festival distinto a todo lo que venía haciéndose en festivales en España, en otoño, en el Norte, con grupos menos convencionales, ése era el Tanned Tin. Por aquel entonces hubo grupos locales, grupos que poco habían pisado un escenario, nombres que no sonaban demasiado y que, como todos los comienzos, fue difícil. Pero Acuarela, el motor detrás del que todo anda supo permanecer siempre al quite.

Tercera edición, 2001, empiezan a llegar algunos pesos pesados al Tanned Tin, entre ellos una reliquia del post-rock, los influyentes Labradford, unos franceses nacidos de las cenizas de un proyecto irrepetible, Experience y unos siempre sorprendentes Piano Magic liderados por un histriónico Glen Jonson. Aquello tomaba forma y ya estaba más que asentado.

2005 marca hasta la fecha el único punto extraño en la historia del festival. Ciertos malentendidos entre las diversas partes organizadoras y promotoras fuerzan un cambio de rumbo. Una nueva ciudad, una nueva identidad aunque con una base sólida, ya no estaba aquel centro cultural de la calle Tantín (de ahí viene el nombre del festival) de la capital cántabra, nuevas apuestas, más riesgo y más actuaciones para esta segunda y hasta ahora definitiva etapa del festival. Hasta el Mediterráneo llegaron Herman Düne, Animal Collective y Final Fantasy, por poner tres nombres que han marcado el rumbo de la música de los últimos cinco años.

Y en 2006 llegó el ascenso meteórico del Tanned Tin, la concreción de un espacio más cálido, el Teatre Municipal de Castelló, la ampliación de días y de horarios, incluso con sesiones matutinas de conciertos. Fueron parte del festival de 2006 los buenos recuerdos de Manyfingers, David Thomas Broughton, Portastatic o APSE, la contenida intensidad de Psychic Ills, Spires that in the Sunshine Rise o Magik Markers, las consolidaciones de Matt Elliott, M. Ward u Okkervil River y esa nota triste que sobrecogió a todo el mundo de Lisa Germano, que ¿volverá algún día?

 

 

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grupos edición 2007


 

   
 
 
 

 

 
   
   
 
 
   
la nadadora además de a family también escucha a zola, astrud, belle and sebastian, carlos berlanga, magnetic fields, sr. chinarro, los discos de sarah, heavenly, california snow story, tindersticks, la buena vida, le mans, laika, migala, fangoria, dar ful ful, apenino, piano y otros muchos que va descubriendo cada día.