|
Pasados los meses del agobiante estío
toca centrarse de nuevo en la rutina diaria,
en que la playa ya no está ahí
para bañarse, en la carrera o en
el trabajo, en que faltan otros once meses
para tener vacaciones, en que al sol le
costará volver y en que la época
de los festivales ya ha terminado... ¿ah
sí?
Pues no, en realidad no. Una de las cosas
buenas que nos deja el otoño es el
TANNED TIN, que desde hace ya ocho años
ameniza la espera hasta las fatídicas
Navidades a ritmo del pop menos accesible,
de los sonidos menos convencionales, de
esos grupos de los que sabes que dentro
de nada todo el mundo hablará, de
la preferencia por las bandas venidas de
América, cuanto más profunda,
mejor y de nuevos valores de diferentes
países europeos así como de
las propuestas musicales más arriesgadas
de nuestra geografía y en general
de una abrumadora capacidad para sorprender
que año tras año va en aumento
y que es un valor en alza para un festival
que nunca ha pretendido perder la etiqueta
de modesto.
Y no por no dejar de ser modesto un festival
no puede ser grande, todo lo contrario.
El Tanned Tin pone cada año sus cartas
sobre la mesa para atraer a un público
ávido de nuevas sensaciones, que
tiene presente que el folk más puro
y el metal más extremo pueden ¿por
qué no? compartir un mismo escenario.
Castellón se llena por unos días
(lo de decir un fin de semana ya no tiene
sentido alguno) de referentes mundiales
en el panorama de la música independiente,
de actuaciones de esas que dejan con la
boca abierta, de esas que te han gustado
tanto que desearías que el grupo
en cuestión no tocara más
para tenerlos siempre en el recuerdo, de
conciertos imposibles que sabes que será
difícil volver a disfrutar de la
misma manera...
El festival en cuestión no podría
ser lo mismo sin las manos en constante
movimiento de ese demiurgo que es Jesús
Llorente y que gracias a su avezada dosis
de cazatalentos ha conseguido poner en el
mapa a un festival que no está destinado
a la fiesta masiva, que no tiene carpas
de electrónica, que reivindica el
formato reducido de los grupos, que da lecciones
de selección musical y en definitiva,
y esa es la columna sobre la que se sustenta
todo todo, que arriesga como ninguno.
|
|
(Un pasado: lo que el Tanned
Tin ha dado de sí)
Lo
que el Tanned Tin ha dado de sí hasta
la fecha en sus ocho anteriores ediciones
es para quitar el hipo. Sus distintos escenarios
han visto pasar por sus tablas a nombres
que han supuesto una parte importante de
la música independiente del planeta.
Por
aquí han pasado nombres importantes,
ya sean propios (Mark Eitzel, Thalia Zedek,
Lou Barlow, Tara Jane O’Neil, Darren
Hayman, Greg Weeks, Howe Gelb...) o de grupos
míticos de los 90 y de los 00 (Labradford,
Gallon Drunk, Piano Magic, The New Year,
Hella, Montgolfier Brothers, L’Altra,
Hood...) por no hablar de la mejor remesa
de la escena reciente de la música
independiente de nuestro país (Nacho
Vegas, Manta Ray, Sr. Chinarro, 12Twelve,
Polar, Schwarz, Mastretta, Jr., Nosoträsh,
Viva las Vegas, Anari...).
Todo empezó en el año 99,
un siglo a punto de acabar y en el horizonte
la bonita ciudad de Santander, lugar idóneo
del que bien se podía crear un festival
distinto a todo lo que venía haciéndose
en festivales en España, en otoño,
en el Norte, con grupos menos convencionales,
ése era el Tanned Tin. Por aquel
entonces hubo grupos locales, grupos que
poco habían pisado un escenario,
nombres que no sonaban demasiado y que,
como todos los comienzos, fue difícil.
Pero Acuarela, el motor detrás del
que todo anda supo permanecer siempre al
quite.
Tercera
edición, 2001, empiezan a llegar
algunos pesos pesados al Tanned Tin, entre
ellos una reliquia del post-rock, los influyentes
Labradford, unos franceses nacidos de las
cenizas de un proyecto irrepetible, Experience
y unos siempre sorprendentes Piano Magic
liderados por un histriónico Glen
Jonson. Aquello tomaba forma y ya estaba
más que asentado.
2005
marca hasta la fecha el único punto
extraño en la historia del festival.
Ciertos malentendidos entre las diversas
partes organizadoras y promotoras fuerzan
un cambio de rumbo. Una nueva ciudad, una
nueva identidad aunque con una base sólida,
ya no estaba aquel centro cultural de la
calle Tantín (de ahí viene
el nombre del festival) de la capital cántabra,
nuevas apuestas, más riesgo y más
actuaciones para esta segunda y hasta ahora
definitiva etapa del festival. Hasta el
Mediterráneo llegaron Herman Düne,
Animal Collective y Final Fantasy, por poner
tres nombres que han marcado el rumbo de
la música de los últimos cinco
años.
Y
en 2006 llegó el ascenso meteórico
del Tanned Tin, la concreción de
un espacio más cálido, el
Teatre Municipal de Castelló, la
ampliación de días y de horarios,
incluso con sesiones matutinas de conciertos.
Fueron parte del festival de 2006 los buenos
recuerdos de Manyfingers, David Thomas Broughton,
Portastatic o APSE, la contenida intensidad
de Psychic Ills, Spires that in the Sunshine
Rise o Magik Markers, las consolidaciones
de Matt Elliott, M. Ward u Okkervil River
y esa nota triste que sobrecogió
a todo el mundo de Lisa Germano, que ¿volverá
algún día?
|