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A
mediados del siglo IV San Jerónimo comenzó a encontrar trozos de
algunos manuscritos antiguos en poder de unos anacoretas que vivían
en cabañas, en un valle escondido del desierto de Calkis. A medida
que aprendía hebreo y arameo empezó a entender el significado de
los pergaminos fragmentados, y poco a poco comenzó a reunir más.
Durante los años siguientes los fue traduciendo al latín. Las enseñanzas
que esos rollos contenían le afectaron profundamente. Quedó
marcado para el resto de su vida porque entre ellos –que tanto le
costó traducir, para lo cual tuvo que aprender dos difíciles
lenguas y sacrificar toda una vida de intensa dedicación a la
"vía del desierto"– estaba el Evangelio de la Paz.
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EL
EVANGELIO DE LA PAZ (APÓCRIFO ) |
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Pues
en verdad os digo que todas las cosas vivas se encuentran más cerca
de Dios que la escritura que está desprovista de vida. Dios hizo la
vida y todas las cosas vivas de tal modo que enseñasen al hombre,
por medio de la palabra siempre viva, las leyes del Dios verdadero.
Dios no escribió las leyes en las páginas de los libros, sino en
vuestro corazón y en vuestro espíritu.

Y
su paz descendió sobre ellos; y con el ángel del amor en su corazón,
con la sabiduría de la ley en su cabeza y con el poder del
renacimiento en sus manos, se dispersaron entre los Hijos de los
Hombres para llevar la luz de la paz a aquellos que luchaban en la
oscuridad.
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